Inés Trejos de Montero. 21 octubre, 2020

Cuando José Figueres Ferrer empezó su gobierno en 1970, la creación del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes constituyó pieza clave de su mandato, y el nombramiento de Alberto Cañas Escalante, para ocupar la cartera, fue fundamental en el proyecto estrella de su administración.

El Viceministerio quedó a cargo de Guido Sáenz, y Juventud se le asignó a Manuel López Trigo. En aquel entonces, la Dirección General de Artes y Letras, ubicada en el Ministerio de Educación Pública, pasó a formar parte del naciente ministerio, medida a todas luces acertada, pues el mundo de la cultura era el nicho natural de esa dependencia, bajo la dirección de Antonio Yglesias, destacado actor, productor, cineasta y escritor.

Sirva esta introducción para enfatizar en la trascendencia que ha tenido la cultura en el desarrollo del país, gracias a la visión de don Pepe.

Desde entonces, producto de esa feliz iniciativa, la literatura, el teatro, las artes plásticas, la danza, el cine, la música y los museos comenzaron a llegar hasta los últimos confines del territorio nacional, lo que generó una revolución social de extraordinarios alcances y beneficios para la patria.

No entiendo por cuáles razones varios diputados del Partido Liberación Nacional han pretendido cercenar el presupuesto de las más sobresalientes entidades culturales del país, como lo son el Teatro Nacional, el Teatro Popular Melico Salazar, el Centro Costarricense de Producción Cinematográfica y los centros de artes dramáticas, danza y música, que sufrirían un recorte radical de recursos, medida que limitará alarmantemente el radio de acción de la cultura, elemento vital en la identidad de un país.

Me pregunto si los legisladores habrán disfrutado alguna vez de la maravillosa influencia cultural y espiritual de la música, la danza, la literatura o las artes plásticas, por ejemplo.

Si lo han experimentado y son plenamente conscientes de su importancia, ¿por qué ensañarse ahora con la cultura, en detrimento de una manifestación humana que educa, conmueve y enaltece el espíritu? No traicionen el afán enaltecedor de José Figueres Ferrer, a quien el país le debe tanto.

La autora es exviceministra de Cultura.