Ricardo Radulovich. 6 abril

En una crisis sanitaria global tornándose en catástrofe económica, las ramificaciones son tantas que no deja de sorprenderme cómo todo está conectado. Una verdadera crisis humana que para nosotros recién comienza y cuya dimensión dependerá en gran medida de cómo nos comportemos todos.

Sin querer ser alarmista, pero calculando los meses de crisis sanitaria y luego los meses de recuperación económica, es necesario que tomemos las medidas a nuestro alcance para garantizarnos alimento y agua porque es factible hacerlo. Podemos estar sin trabajo, sin vida social, sin Internet, mas no sin estos dos elementos.

El agua, pensaríamos que seguirá siendo provista como de costumbre, sobre todo estando ya cerca el inicio de la estación lluviosa en el Pacífico. Siendo este año neutro respecto a El Niño, esperaríamos que los tanques se llenen y de aquí a fin de año no haya escasez.

Pero si por alguna razón el sistema de reservas, tratamiento, bombeo y tuberías fallara, debemos estar preparados para capturar el agua de lluvia que cae sobre los techos de nuestras casas, tomarla de los bajantes y almacenarla tomando las medidas necesarias, como limpiar los techos y filtrar el líquido y hervirlo si es para beber. Esto nos abastecerá de aquí a noviembre.

Autonomía alimentaria. La comida es algo más complejo. No se trata solamente de si hay suficiente en el país, incluso la que producirán los agricultores. Existe una gama de factores por considerar: almacenamiento, proceso, transporte, distribución, dinero para comprarla y el libre tránsito para ir a traerla.

Debe considerarse la limitada capacidad de almacenamiento de granos básicos en el país. ¿Para cuántas semanas tenemos alimentos importados, que son la mayoría, salvo en gran medida el arroz?

Si falla el sistema internacional de transporte marítimo o terrestre, o algunos países dejan de exportar para garantizarse su propia alimentación, o por las razones que sea, nos encontraremos faltos de reservas.

Por ello, es fundamental el fomento de la producción nacional de alimentos, empezando por aprovechar las lluvias por venir y que en el Caribe es posible sembrar casi todo el año. Los agricultores deben poner todo su empeño en cultivar más de lo acostumbrado y lo que será necesario.

Con un sistema adecuado de distribución de alimentos y garantizando un precio mínimo al productor, aunque no gran ganancia, aumentaría este año la producción de maíz, frijoles, papas y otros.

Por supuesto, hay que considerar si se contará con insumos, como los fertilizantes, los cuales dependen del tráfico internacional; sin embargo, abundan los suelos con poco uso que han acumulado capacidad de proveer a los cultivos los nutrientes necesarios. Esto, en primera instancia, dará a la población rural ingreso y más alimento. El excedente supliría los mercados urbanos.

Frutos de la tierra y del mar. Otra fuente de alimento es la pesca. Sin embargo, pescadores amigos me han comentado que no los dejan salir a faenar. Si es así, la restricción debe ser reconsiderada. No es momento de imponerla, ni siquiera por motivos conservacionistas.

Según un reciente artículo en la revista Nature, los océanos están en proceso de recuperación de la biota, es decir, todo exceso de pesca este año será recuperado en los venideros y, a cambio, tendremos abundante proteína de pescado, de alta calidad. La pesca artesanal provee también ingresos a las poblaciones costeras, e igual que en la agricultura el excedente pasa al resto de la población.

Otra propuesta es la agricultura urbana o de huertos caseros. Cada familia posee aunque sea una ventana bien iluminada o un patio pequeño para plantas de tomate, lechuga, chile y otras hortalizas que aportan vitaminas y otros nutrientes ausentes en alimentos procesados o secos, como los granos. Además, comer una lechuga, cuya producción toma pocas semanas, o unos tomates frescos mejora la calidad de vida.

Es necesaria una campaña para poner en cada barrio, supermercado y tienda comunitaria las pocas semillas necesarias, o las plántulas, y algunos otros insumos mínimos, incluidas instrucciones de siembra, a precios asequibles para las familias.

Desde una planta de tomate en una ventana hasta el patio o terreno del vecindario sembrado de hortalizas, generarán grandes diferencias. Los más interesados, y con espacio en la casa, tienen la posibilidad de criar pollos o tener gallinas para huevos, aves que se alimentan de restos de comida. Pero hace falta promover no solo el concepto, sino también la producción de pollitos y la distribución.

Estas ideas tienen como fin hacer conciencia de que no debemos confiar nuestras vidas a un sistema internacional de tráfico de bienes ni creer a ciegas que un gobierno y entidades estatales saturados debido a una problemática nueva y creciente vendrán a solucionar todos nuestros problemas.

Tomemos buenamente en nuestras manos lo que está ahí, al alcance, y, a la vez, encontraremos algo sano y productivo que hacer mientras permanecemos encerrados en nuestras casas.

El autor es catedrático de la Escuela de Ingeniería de Biosistemas de la Universidad de Costa Rica.