José María Villalta Flórez-Estrada. 15 septiembre

El proyecto de ley sobre el voto preferente pretende desbloquear la lista presentada por el partido político con miras a que la ciudadanía vote por personas, y no por la lista cerrada que le propone el partido de su preferencia.

Responde a un reclamo creciente del electorado que quiere influir en la integración de la Asamblea Legislativa. Con el fin de garantizar la paridad de género y la alternancia vertical y horizontal, se propone que dentro de la lista del partido de preferencia el elector vote por dos candidaturas: la de una mujer y la de un hombre.

En el momento de computar los votos y declarar a las personas elegidas por cada partido, pasarían a ocupar los primeros lugares de la lista los candidatos con mayor número de votos preferentes, en orden decreciente.

Luego, la lista sería reordenada para declarar la elección, a fin de que el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) garantice los principios de paridad y alternancia de género vertical y horizontal establecidos en el Código Electoral, con respeto por las decisiones de la asamblea superior de cada partido sobre el encabezamiento de hombre o mujer, según corresponda, y garantizando que sean declaradas las personas elegidas de acuerdo con los votos de manera alterna.

Abril Gordienko, en su condición de activista del grupo Poder Ciudadano ¡Ya! (PCY), publicó el artículo "¿Una fruta venenosa?”, en La Nación del 2 de setiembre, y criticó este proyecto.

Afirmó que el voto preferente causará “canibalismo político”, el cual ya existe en lo interno de los partidos y sus consecuencias están a la vista. La competencia por ocupar los primeros lugares en las papeletas hace que los precandidatos se enfrenten de muy diversas maneras, pero, sobre todo, en procura de consolidar mayorías temporales en las asambleas que decidirán las elecciones según el nivel.

Problemas invisibles. A menudo, esos enfrentamientos no son visibles para la ciudadanía a la cual finalmente se le presenta una papeleta cerrada, una lista que no puede modificar, pero existen y tienen consecuencias. A veces, por el nivel de violencia, trascienden a los medios de comunicación. No es casualidad que se hable desde hace mucho tiempo de la “operación hospital” llevada adelante por las candidaturas ganadoras para tratar de pacificar los partidos después de los procesos de renovación de estructuras y elección de candidatos.

Se produce alejamiento del partido de los perdedores al igual que el apoyo a candidaturas de otros partidos, e incluso la migración a determinados partidos de alquiler para postularse bajo la convicción de que las bases de la agrupación se han equivocado, pero el electorado apoyará esas candidaturas disidentes.

Lo que permite el voto preferente es civilizar las eventuales contradicciones internas de una agrupación al trasladar la decisión a la ciudadanía. El enfrentamiento cainita daría paso a una confrontación más democrática a la vista del electorado, que podría escoger dos candidaturas de su agrupación de preferencia, un hombre y una mujer. Bajaría el nivel de tensión interna, se reduciría el riesgo de asambleas que terminan a sillazos y divisiones y deserciones.

El voto preferente fortalece la institución de la democracia participativa, le da la posibilidad al elector de valorar los nombres y sus trayectorias y de esa manera elegir las mejores candidaturas.

El “clientelismo político” es una nefasta práctica en el país desde hace mucho tiempo, por lo que tampoco se puede culpar al voto preferente de su existencia. Tampoco es cierto que suponga un aumento económico desmesurado de las campañas electorales.

Gordienko ignora que la legislación electoral obliga a los partidos a mantener una única cuenta bancaria para la recepción de las contribuciones privadas, lo cual incluye también los recursos allegados en las precampañas.

A menos que se quiera justificar las ilegales “estructuras paralelas”, la legislación electoral permite el control del gasto y la fiscalización del TSE. No sería diferente en el caso del voto preferente, pues los candidatos tendrían que legitimar su financiamiento a través de la cuenta única del partido ante el TSE.

Cacicazgo y el transfuguismo. Gordienko le atribuye al voto preferente el agravamiento de otros dos males que ya existen en la política costarricense, incluso antes de la Segunda República: el cacicazgo y el transfuguismo. El voto popular y la posibilidad de abrir la lista de candidaturas de una manera acotada, solo para dos candidaturas, sería el mejor antídoto contra el gamonalismo, mientras que el transfuguismo se resuelve haciendo que los representantes populares estén obligados a dejar sus puestos si renuncian a la agrupación que los eligió.

De manera que Gordienko le atribuye males del sistema político costarricense realmente existentes a un instituto democrático participativo, que empoderaría más a la ciudadanía, como el voto preferente, pero que aún no ha nacido.

El sistema republicano y democrático costarricense es suficientemente maduro para reformarse desde sus propias raíces y desde su propia legalidad sin importar modelos extranjeros. No es perfecto y por eso hemos avanzado propuestas que consideramos lo mejoran, como la del voto preferente, presentada para garantizar la paridad horizontal y vertical en las candidaturas de los partidos, la que busca mantener vigentes las coaliciones electorales mientras sus representantes elegidos ejerzan, la de eliminar el subcociente y hacer la elección por cociente y residuo mayor o la de hacer posible una franja electoral en los medios de comunicación que brinde más equidad a la competencia electoral. Son propuestas para el debate legislativo y con la ciudadanía, que, presumimos, se pueden mejorar.

El autor es diputado.