Carlos López Montealegre. 10 marzo

“Soto Sibaja Maikol Yordan, para servirle”, dice el personaje cuando se presentó al público en la película Maikol Yordan de viaje perdido. Este humilde e ingenuo campesino nos deleitó con sus aventuras en el continente europeo cuando andaba en busca de una fortuna para evitar que el malvado banquero se adueñara de la finca de su familia.

Las vidas de los agricultores como él no son ninguna comedia, sino más bien dramas colmados de arduos caminos. La innovación ha sido inexistente en la agricultura costarricense. Varios agricultores siguen usando métodos ineficientes y nocivos para el ambiente, lo cual los ha llevado a menos volúmenes de producción y bajos niveles de calidad en un mercado excesivamente demandante.

Para empeorar la situación, también deben enfrentar el cambio climático y la exclusión financiera. La temperatura media global aumentará por lo menos entre 1,2 °C y 1,3 °C por encima del período preindustrial en los próximos cinco años, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM). De acuerdo con el Instituto Meteorológico Nacional, las lluvias van a disminuir, de manera que las cosechas van a reducirse sustancialmente.

Las sequías que azotaron Guanacaste y Cartago el año pasado son claras demostraciones de los efectos del calentamiento global. Agricultores de ambas provincias perdieron grandes sumas de dinero porque la producción disminuyó hasta un 70 % en algunas regiones.

Varios productores afectados estaban al borde de perder sus tierras por no poder pagar las mensualidades de sus deudas bancarias. Por lo tanto, enfrentan una situación similar a la de Maikol Yordan, pero, a diferencia de él, no necesitan viajar a Europa para resolver sus problemas financieros, sino adoptar la revolución tecnológica para la agricultura.

Inteligencia de datos. La revolución agrícola que tanto necesita Costa Rica no dependerá de nuevos pesticidas, técnicas de irrigación o de la modificación genética, sino de la utilización de big data.

Idealmente, un agricultor moderno debería poseer un conocimiento más amplio y preciso que sus antepasados debido a que múltiples variables han causado estragos en el ambiente. Para que administre de manera adecuada sus tierras debería estar pendiente de la fertilidad, la temperatura, el clima, la irrigación, los mercados, las pestes, la disponibilidad de préstamos, las políticas gubernamentales, los subsidios y otros factores.

Todas esas variables son susceptibles de ser almacenadas en una base de datos y estudiadas a fondo por distintos software basados en sistemas de máquinas que aprenden a través de interacciones con la información. Conforme pasa el tiempo, las máquinas mejoran su habilidad para interpretar los datos y conllevan a mejores decisiones en el campo.

Las distintas aplicaciones de macrodatos junto con el software van a brindar al país plantaciones inteligentes, agricultura de precisión, drones y robots agrarios, irrigación automatizada, tractores automáticos, análisis en tiempo real y modelos estratégicos. Beneficios que mejorarán el rendimiento, disminuirán la contaminación y brindarán cuantiosos recursos financieros a los agricultores, creando un ambiente propicio para una más fácil inclusión en el sector financiero.

Facilidades. No obstante, para alcanzar el éxito, esta tecnología debe incorporarse al mercado colocando el énfasis en el agricultor para acelerar el proceso de adopción.

Primero, hay que cuantificar el valor económico que obtendrían los campesinos a través de estas tecnologías. Segundo, deben crearse nuevos canales de ventas y servicios accesibles para las zonas rurales. Tercero, es necesario establecer una extensa base de datos con la información de varios campos para aprovechar al máximo las tecnologías.

El lanzamiento de estas tecnologías debe hacerse en concordancia con la estacionalidad de las cosechas para que tales innovaciones trabajen en armonía con el ambiente y consigan el objetivo: eficiencia agrícola por cada colón invertido.

El autor es estudiante.