Walter Coto Molina. 28 julio

Nuestros bancos se distinguen por dos cosas: el papeleo y la complicación mediante requisitos fastidiosos, muchos de ellos ilógicos e irracionales.

También por la exacción de los recursos que sus clientes depositan en dichas entidades. Hay bancos que cobran comisión hasta cuando un empresario va a depositar las monedas de su negocio.

La Sugef, como todos sabemos, nace para dictar normas y directrices a las entidades que fiscaliza con el fin de velar por la estabilidad y solidez del sistema, pero lo ha venido haciendo a costa indirectamente de dificultar y saturar de trámites a los clientes.

La complicación se está haciendo tan grande que empresas financieras están optando por no hacer negocios en Costa Rica.

Se ha dedicado también a coadministrar, en vez de facilitar la iniciativa de la gente, sus espacios y sus desempeños personales y empresariales.

La Sugef funcionaba antes como una auditoría general de bancos, como departamento del Banco Central, y con las reformas de 1988 se transformó en Auditoría General de Entidades Financieras (AGEF) como órgano desconcentrado máximo del Banco Central.

La Ley 7558 es la que le da la denominación de Superintendencia General de Entidades Financieras, autonomía y poderes, y su propio Consejo Directivo y escalas salariales. Esta reforma cambia la regulación ex post por un nuevo esquema de supervisión ex ante, fiscalización prudencial y de riesgo.

Voluptuosidad. La institución tiene 233 plazas, fiscaliza 47 entidades y su presupuesto es de, cuando menos, ¢13.000 millones, financiado por nosotros, mediante el presupuesto del Banco Central en un 80 %, y en un 20 % por las entidades que regula; es decir, el regulador financiado por quienes debe regular.

Los salarios son acongojantes. El superintendente devenga cerca de ¢9,5 millones y el presidente del Consejo, poquito más de ¢10 millones. La institución se hizo voluptuosa, y se ha especializado, por lo que dicen los ejecutivos bancarios, en llenar al sistema de directrices, disposiciones, reglamentos y trámites, que a su vez los bancos deben trasladar a sus clientes para que la relación entre el cliente y las entidades financieras resulte más pesada, tormentosa y costosa.

Hay quienes pensarán que es una exageración, pero no. Basta con ir a cualquier banco para escuchar la frase “usted tiene razón, pero es la Sugef la que nos lo pide”. Un gerente me comentó que pierde más tiempo atendiendo los requerimientos de la Sugef que lo que invierte en los clientes o en las distintas áreas de su quehacer gerencial.

Nadie está en contra de la fiscalización, pero debe ser racional para garantizar la estabilidad y fortaleza del sistema financiero. Es insostenible que el control se convierta en un fin en sí mismo, al punto que paralice u obstaculice las gestiones de las entidades fiscalizadas y, por medio de ellas, a los clientes.

Autorrevisión. Por eso, aunque la tasas de interés bajen, una cantidad considerable de costarricenses se quedan sin acceso al crédito porque, especialmente los pequeños y medianos, no pueden cumplir. La Sugef tiene que hacer un ejercicio autocrítico porque es un cuello de botella que está dificultando la dinámica y la fluidez que debe tener nuestro sistema financiero para beneficio del país.

Políticas instauradas por la Sugef como la de “conozca su cliente” de nada valen porque, aunque alguien tenga 30 años de utilizar el mismo banco y su calificación sea excelente, si lleva, producto de su actividad, unos cuántos dólares, ni siquiera $10.000, lo tratarán como si llegara por primera vez.

Ni que hablar de las transferencias bancarias internacionales, que ya vienen bancarizadas. Claro que hay que combatir y fiscalizar con rigurosidad el lavado de dinero y el financiamiento de actividades terroristas, y en ese campo la política debe ser dura, pero de ahí a imponer y aplicar normas sin discriminación como si todos los costarricenses fueran lavadores, terroristas y mala paga, hay un gran trecho.

La complicación se está haciendo tan grande que empresas financieras están optando por no hacer negocios en Costa Rica. A veces la Sugef ni controla lo que debe, como lo demuestra el escándalo financiero de la asociación solidarista del Banco Nacional.

El autor es empresario.