María Barahona Israel. 20 abril

Reflexionando sobre la grave situación generada por el coronavirus, no dejo de recordar la novela La peste, de Albert Camus, ambientada en la ciudad argelina de Orán, acosada por una epidemia.

Camus, haciendo énfasis en la solidaridad humana en su obra, escribió: “Las plagas, en efecto, son una cosa común, pero es difícil creer en las plagas cuando las ve uno caer sobre su cabeza. Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y, sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas”.

Debemos promover las investigaciones y los diseños innovadores para lograr la resiliencia espacial que nuestras ciudades necesitan en la gran guerra metafórica.

Debemos volver la mirada hacia posibilidades de reconstrucción como las efectuadas en las posguerras en distintos continentes para plantear cambios en el entorno que no sean de gran envergadura, sino variaciones del paradigma del pensamiento sobre diseño y construcción.

Podemos hacer comparaciones metafóricas de ciudades reconstruidas, como las europeas Dresde, Fráncfort, Varsovia y Londres, después de la Segunda Guerra Mundial; Detroit y Los Ángeles, en Estados Unidos, tras los movimientos civiles de los sesenta, o Beirut, luego de la guerra civil de 1975-1990.

Dichas experiencias son preámbulos para reflexionar sobre las crisis y preparar las ciudades para futuras pandemias. Las ciudades latinoamericanas deben abordar urgentemente esta circunstancia en aspectos físico-espaciales junto con el enfoque sanitario.

Sitios adaptados. El avance exponencial de la covid-19 ha exacerbado problemas de salud urbana, lo cual repercute en nuestro hábitat, necesitado de espacios públicos seguros para la compra de alimentos y otros productos sin peligrosas aglomeraciones.

El aislamiento y la cancelación de actividades sociales, religiosas y deportivas repercuten en la calidad de vida de los habitantes de las ciudades y generan problemas de salud mental, como depresión, soledad, temor y angustias.

¿Cómo colaborar en esta lucha? ¿Cómo modificar entornos construidos para afrontar las pandemias? ¿Qué cambios innovadores de infraestructura urbana que tomen en cuenta la salubridad debemos gestionar contra el “enemigo”?

Debemos pensar en alternativas de rehabilitación o regeneración urbana para salvaguardar ciudades de este fenómeno y reinventar la comunicación en las comunidades.

Debemos buscar espacios públicos clausurados y destinarlos a nuevos usos según la agenda de salubridad y aportar a mitigar los efectos de la crisis económica. Podríamos rescatar espacios públicos para microferias agrícolas cercanas a nuestros hogares.

Podemos encontrar materiales de construcción resistentes al contagio o transformar sitios internos en refugios personales con iluminación y ventilación contra la covid-19.

Otras consideraciones. ¿Qué aspectos tecnológicos contribuyen a la planificación urbana? ¿Podríamos rescatar el valor olvidado de viviendas con jardín? ¿Cómo humanizar comunidades y apoyar a poblaciones en mayor riesgo, como adultos mayores y personas con diversas capacidades?

Son muchas las preguntas. El distanciamiento físico podría mantenerse hasta el 2022, según estudios de la Universidad de Harvard.

Por tanto, se necesitan investigaciones interdisciplinarias y enfoques cualitativo-vivenciales-fenomenológicos para, mediante la observación de comportamientos y necesidades, dar soluciones a los habitantes.

“El modo más cómodo de conocer una ciudad es averiguar cómo se trabaja en ella, cómo se ama y cómo se muere”, dice Camus.

Profesionales, académicos y estudiantes de Arquitectura y Construcción debemos ser solidarios, como plantea Albert Camus en su novela, y, junto con instituciones gubernamentales, promover las investigaciones y los diseños innovadores para lograr la resiliencia espacial que nuestras ciudades necesitan en la gran guerra metafórica.

La autora es arquitecta.