Ana Victoria Badilla Villanueva. 15 junio

Aunque Costa Rica declara ser un país libre de discriminación, la cotidianidad la desmiente, pues, frecuentemente, sobre todo en deportes como el fútbol, se escuchan epítetos racistas en contra de jugadores afrodescendientes.

Sin asumir banderías políticas, debemos sentirnos alegres por un nombramiento que muestra al mundo una fase de la democracia y la realidad multiétnica y pluricultural costarricenses.

Durante varias décadas, los afrodescendientes han participado en política. Harold Nichols, quien por los años treinta participaba activamente en el Partido Comunista costarricense, fue candidato a munícipe suplente en la elección general de 1936.

Según el historiador Iván Molina Jiménez, Nichols fue el primer afrocostarricense en figurar en una papeleta electoral y en ser escogido para aspirar a una asamblea popular.

Posteriormente, el abogado Alex Curling fue diputado suplente por el Partido Liberación Nacional (PLN) durante el período 1954-1958 y Luis Mc Rae Grant, en representación también del PLN, en el cuatrienio 1958-1962.

La población afrocostarricense es constante en la Asamblea Legislativa, y fue por esfuerzo de la diputada afrodescendiente Jocelyn Sawyers que el 24 de agosto del 2015 se reformó la carta magna para plasmar que “Costa Rica es una república democrática, libre, independiente, multiétnica y pluricultural”.

Costa Rica puede decir con orgullo que el primer día de mayo del 2020, en el Poder Legislativo, se materializó la pluriculturalidad al elegir presidente al abogado Eduardo Cruickshank Smith, destacado líder afrocostarricense en Limón.

Sin asumir banderías políticas, debemos sentirnos alegres por un nombramiento que muestra al mundo una fase de la democracia y la realidad multiétnica y pluricultural costarricenses, que es asimismo aleccionadora para quienes no reconocen la igualdad, ya sea a causa de su raquítica educación o porque se encuentran atados a estultos atavismos.

Nombrar a Cruickshank presidente del Primer Poder demuestra que nuestra Constitución está viva y activa porque reivindica los derechos humanos y paga una deuda con los afrodescendientes y demás costarricenses, pues, como bien sabemos, sin excepción alguna, todos llevamos un porcentaje de sangre negra.

La autora es abogada.