Jaime Molina Ulloa. 3 julio

La red de transporte ha preocupado durante varias décadas, por tanto, el tren rápido de pasajeros es fundamental, como demuestran los estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

La ausencia de transporte público integrado y eficiente es un factor ampliador de desigualdad económica y social.

Las obras de infraestructura pública usualmente afrontan retos singulares cuando se hace el análisis. Más allá de los componentes puramente técnicos, conllevan impactos, riesgos y beneficios sociales, económicos, ambientales y culturales, que deben ser puestos en la balanza para dar una solución de más valor a la sociedad.

Los documentos presentados por el Instituto Costarricense de Ferrocarriles (Incofer) son base suficientemente sólida para continuar hacia la etapa de diseño del proyecto.

Hay un clamor común para que las inversiones públicas sean precedidas por estudios meticulosos. En el caso del tren, el proceso de competición siguió los requerimientos del Ministerio de Planificación (Mideplán) y las mejores prácticas, por ejemplo, las guías de análisis de la Unión Europea.

Sobre el debate. Asombra un debate tan temprano sobre aspectos técnicos. Es sano que el concurso procure una amplia participación de oferentes y se seleccione a la empresa que brinde más beneficio para el país.

El debate técnico es necesario, sin duda, y tendrá lugar en su momento, durante la evaluación de las ofertas.

Para un proyecto de tal envergadura, debe haber cautela al analizar interpretaciones de aspectos técnicos sin profundizar en el trabajo de una empresa consultora internacional que ha empleado a centenares de profesionales para elaborar el estudio de factibilidad.

Si actuamos así, seguiremos perennemente discutiendo sobre el número de tornillos y tuercas necesario para el tren, según el gusto y los intereses de cada quien.

Adelantarse en una cuestión tan específica, como el monto del subsidio, resulta poco beneficioso, puesto que sin los diseños es difícil precisar los modelos operacionales y el grado de satisfacción por los servicio exigidos.

El mejor diseño será el que logre minimizar el costo total y, como variable dependiente, el subsidio necesario.

Un argumento es que el estudio no recibió la evaluación de un grupo independiente de especialistas. Esas revisiones son una buena práctica, pero en las normas europeas sobre el desarrollo de sistemas ferroviarios no están incluidas como obligatorias, entonces, no es correcto señalarlo como error metodológico.

Estamos frente a algo que puede ser deseable, pero no siempre es parte de todos los grandes proyectos.

Beneficio social. Para la población de la Gran Área Metropolitana (GAM), el desplazarse a sus lugares de estudio, trabajo o de esparcimiento será cada vez más apremiante.

El tren sería un eje sólido para mejorar la movilidad de todos, con un impacto que alcanzará a muchas generaciones, clases sociales y ubicaciones geográficas.

De paso impondrá obligaciones de integración y eficiencia a los demás modos; no es una solución en sí misma, es un eje de articulación fundamental.

Los $550 millones del préstamo del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) deberá empezar a pagarse en el 2025, cuando el tren entre en operación. Si posponemos la aprobación, es posible augurar, cuando menos, otra década de transporte ineficiente para los habitantes de la GAM.

Las ciudades crecen aceleradamente e irán acercándose hasta convertirse en una megaciudad. Pensemos en los miles de costarricenses que invierten dos o más horas de ida y vuelta en el traslado de sus casas a sus lugares de trabajo o estudio; conforme pase el tiempo, la situación del transporte en la GAM se volverá más caótica e inmanejable.

Debe imponerse la generosidad social por encima del cortoplacismo, es hora de decisiones inspiradas en el interés de la sociedad. Los diputados están llamados a obrar en consecuencia.

El autor es ingeniero.