Heiner Bonilla Porras y Alejandro Miranda Lines. 30 junio

El artículo del economista Dennis Meléndez Howell, publicado el viernes, está basado en errores fácticos graves y juicios de valor sin fundamento.

Meléndez presume que, a consecuencia de la imposición de una legítima medida de salvaguarda, subirán los precios al consumidor, pero la Liga Agrícola Industrial de la Caña de Azúcar (Laica) ha expresado reiteradamente que eso no va a pasar.

El país no produce 225.000 toneladas de azúcar como dice el artículo, sino 460.000, el doble, es decir, somos excedentarios.

Costa Rica no tiene necesidad de importar ni un solo grano de azúcar porque Laica garantiza la cantidad necesaria para satisfacer el mercado nacional.

azúcar, crédito: Shutterstock
azúcar, crédito: Shutterstock

El azúcar importado, debido al cambio en las injustas circunstancias del mercado mundial, sustituye en el mercado interno el azúcar producido en Costa Rica, lo cual afecta a miles de productores y pone en riesgo miles de empleos nacionales.

El error fáctico más grave del artículo de Meléndez es expresar que los importadores tienen que vender a los precios que “fija Laica”. La afirmación no es cierta porque tenemos total libertad de fijación de precios.

Los importadores y todo comercializador pueden venderlo al precio que mejor les convenga. Probablemente los importadores escogen dejarse íntegras sus ganancias y deciden, de forma unilateral, no compartirlas con el consumidor.

En cinco años de importación, el precio del azúcar crudo en los mercados internacionales bajó más del 50 %, pero ese nuevo margen no pasó nunca al consumidor.

Un monitoreo llevado a cabo por el Ministerio de Economía (MEIC) en 23 comercios de la Gran Área Metropolitana concluye que el aumento en las importaciones de azúcar no han repercutivo positivamente en lo que paga el consumidor final, pues el producto extranjero resultó un 2 % más caro que el nacional.

En ese mismo período, nuestros costos de producción subieron cerca de un 25 % por efecto de un dólar que no se mueve y un país que se encarece en todos sus rubros.

Como ilustración de esto, en ese período, cerraron dos ingenios azucareros y dejaron la actividad más de 2.600 pequeños productores de caña, sin beneficio para el consumidor.

Proteccionismo extranjero. A Meléndez le sorprende que el azúcar llegue más barato —en este momento— viniendo de lejos. El análisis es omiso, ignora todo el compendio de aranceles, subsidios y ayudas que reciben productores de otras latitudes y, además, se limita al momento actual.

Si se utilizan datos reales de un período histórico ampliado, especialmente entre el 2009 y el 2011, es posible ver claramente como los precios del azúcar crudo —hoy entre $0,10 y $0,11— llegaron en esos años a triplicarse hasta $0,34, y en Costa Rica el valor del producto terminado se mantuvo razonablemente estable.

Contrario a lo que manifiesta Meléndez, lo mejor que puede pasarle a la industria cañero-azucarera costarricense es que el mundo entero quitara todo tipo de aranceles y subsidios.

Paralelamente, nos encantaría que Costa Rica abriera sus mercados de electricidad y alcohol carburante. Le aseguramos al economista que los cañeros y los azucareros de Costa Rica seríamos los grandes ganadores de esa situación mundial. Con una cancha pareja y sin distorsiones, salimos gananciosos.

En Costa Rica no usamos tecnologías obsoletas, buena parte de la cosecha de caña se encuentra mecanizada. Tenemos modernas cortadoras de última generación y buenas variedades de caña. Contamos con laboratorios propios y un departamento de tecnología y extensión de la caña en Laica. Nuestros procesos de producción y empaque de subproductos también son modernos.

Muchos ingenios se manejan con las últimas tecnologías de automatización. Tanto los ingenios como Laica poseen instalaciones de avanzada y prestigiosas certificaciones internacionales de calidad, y elaboran productos tan variados como azúcar líquido, en polvo y light, así como jugos en polvo y otros.

Bloqueo al comercio. El frío no está en esas cobijas, el problema viene del exterior por los crecientes subsidios e injusticias que bloquean el comercio.

En Costa Rica lo que hemos hecho es pedir una legítima defensa comercial contra esas circunstancias que nacen afuera.

Meléndez opina basándose en que el 95 % de la producción deja cuantiosas ganancias, pero de nuevo se equivoca al presumir que la producción es de 225.000 toneladas cuando verdaderamente es el doble y debe venderse el resto en mercados de excedentes.

El articulista presupone que la medida de salvaguarda, absolutamente apegada a derecho, le traerá consecuencias al país ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), un juicio de valor superficial, pues la medida es temporal (tres años), igual lo hizo China, país que no tuvo que dar compensación alguna ni sufrió consecuencias ante la OMC.

Tampoco es atinada la supuesta existencia de una pérdida fiscal. El Estado recauda por ambos lados, la producción y la importación. Meléndez olvida que los impuestos pagados por toda la cadena de producción del azúcar incluye muchísimos millones en cuotas a la CCSS, el INA, el IMAS y el Banco Popular, así como gravámenes sobre la renta y otros más.

El economista habla despectivamente de los productores de caña y nos trata como si fuéramos monigotes que los grandes ingenios “ponen a desfilar”.

Los productores a los que menosprecia somos orgullosamente iguales a los azucareros ante la Asamblea General y la Junta Directiva de Laica, y constituimos la base social de un sector que dinamiza las zonas rurales y genera miles de pymes y decenas de miles de empleos.

Los productores nacionales de caña recibimos el 62,5 % del valor del azúcar y la miel contenida en la caña que entregamos, uno de los porcentajes más altos a escala mundial gracias a un modelo solidario a partir de la conformación de Laica.

Mucha gente cree equivocadamente que es un sector que pertenece a pocas familias. Ese trillado y erróneo estribillo evidencia que la política en ocasiones es rastrera y elude el hecho de que verdaderamente sí son muy pocas familias las que se beneficiarían de la importación de azúcar.

Los productores de caña de Costa Rica somos dignos exponentes del agricultor nacional. Somos 7.078 productores independientes, y miles de pequeños productores son dueños de tres ingenios cooperativos, entre estos, Coopevictoria y Coopeagri El General.

Además, los productores de caña ocupan la mitad de los puestos en las asambleas y directivas de Laica y, entre ingenios y productores, nos alternamos la presidencia sin que exista voto de calidad.

Somos ingenios y productores, hombres y mujeres reales que, junto con Laica, producimos más de 25.000 empleos directos y llevamos bienestar socioeconómico a cantones como Carrillo, Cañas, Liberia, Turrialba, Jiménez, Pérez Zeledón, Grecia, San Carlos, Poás, San Ramón, Los Chiles, Naranjo, Sarchí, Puntarenas y Montes de Oro, entre otros.

Heiner Bonilla Porras: representante de la Federación de Cámaras de Productores de Caña.

Alejandro Miranda Lines: representante de la Cámara de Azucareros.