Cecilia Cortés. 9 octubre

El 24 de octubre se celebrarán 75 años del establecimiento formal de la Organización de las Naciones Unidas, cuando entró en vigor la Carta de San Francisco con las ratificaciones de los 51 países firmantes en 1945.

Es conocido que el nacimiento de la ONU está relacionado con el fin de la Segunda Guerra Mundial y el interés de los países ganadores en crear un nuevo orden internacional.

Tres principios constituyen el basamento de la organización: la noción de igualdad soberana de sus miembros (sistema de Westfalia), su jurisdicción se limita a problemas internacionales (separar lo doméstico de lo internacional) y mantener la paz y la seguridad internacionales.

Al juzgar el desempeño de la ONU, es indispensable reparar siempre en que el sistema internacional, del que es un actor más, es un sistema vivo, inmerso en una dinámica de permanentes transformaciones derivadas de la interacción de múltiples factores políticos, económicos, sociales, culturales, ambientales, etc.

La ONU debe responder con eficiencia y eficacia a esos cambios a partir de la lectura del contexto mundial, lo que hoy, en vista de la vertiginosa realidad, es un enorme desafío y pone a prueba su capacidad de actuación.

Velar por la humanidad. El sueco Dag Hammarskjöld, segundo secretario general de la ONU, acuñó una de las visiones más apropiadas acerca de la organización: “Fue creada no para llevar a la humanidad hasta el cielo, sino para salvarla del infierno”.

En este aniversario, el dicho cobra vigencia por la coyuntura sanitaria mundial excepcional. Nada más exacto que el cielo y el infierno para describir lo que ha sido el devenir de la ONU, así como los desafíos que confronta al iniciarse la tercera década del siglo.

Durante estos 75 años, la sociedad mundial ha transcurrido entre el bien y el mal: genocidios, armas de destrucción masiva, violaciones sistemáticas a los derechos humanos, una sucesión de conflictos bélicos, descolonización, pandemias, degradación ambiental y terrorismo son algunos de los fenómenos característicos en este recorrido.

Simultáneamente, se produjeron avances formidables, como la creación del sistema internacional de protección de los derechos humanos, con base en la Declaración Universal de 1948, y luego los mecanismos regionales, entre estos, el Pacto de San José de Costa Rica.

Es en el seno de la ONU donde la comunidad mundial da saltos gigantes en la construcción de sociedades más democráticas, equitativas e inclusivas, procurando las mejores condiciones de vida para los ciudadanos en términos de educación, salud, acceso al agua, tecnología, empleo, derechos políticos de las mujeres y otros progresos.

Es también donde se produce el avance del conocimiento convocando a mentes brillantes, como al nobel de economía Amartya Sen, impulsores de enfoques y conceptos como el “desarrollo humano sostenible”, que han cambiado para bien el destino de la humanidad.

Por ejemplo, los objetivos de desarrollo sostenible y la Agenda 2030 del 2015 fueron un proceso sin precedentes, cuyo efecto fue una conversación global transparente facilitada por la ONU con participación de gobiernos, empresas privadas, academia, sociedad civil y organismos internacionales para definir una hoja de ruta con la eliminación de la pobreza en el mundo y la protección del medioambiente y la democracia en mente.

Gran parlamento. La ONU es la expresión y representación de la sociedad mundial caracterizada por su diversidad en muchos ámbitos del ser humano. Por eso, el destacado historiador británico Paul Kennedy la llama el Parlamento de la Humanidad.

Aunque la ONU tiene muchos detractores, y en estos días se escuchan y leen críticas sobre su funcionamiento y eficacia, en su 75.° aniversario, el balance ofrece sobrados elementos positivos para reiterar el cliché de que si no existiera habría que inventarla.

En palabras de Obama, “en tiempos mucho más favorables al multilateralismo, las Naciones Unidas, con toda su imperiosa necesidad de mejoras, no deja de ser, al mismo tiempo, defectuosa e indispensable”.

Habría que aprender del pasado, porque los retos de hoy, el coronavirus incluido, abrieron las puertas del infierno y requieren de la cooperación internacional y el multilateralismo, como en 1945.

La autora es internacionalista.