Edgar González C.. 25 febrero

Decía Constantino Láscaris, allá por los años 70, que en Costa Rica no había sequía, sino época seca, en contraposición con su España natal, donde la sequía se prolongaba todo el año, e incluso por varios años.

Al igual que los anteriores, enfrentamos un verano —como le llamamos comúnmente—, durante el cual, dependiendo de las condiciones climáticas y la presencia del fenómeno de El Niño o La Niña, la recarga y tiempo de residencia del agua en las fuentes superficiales y algunas subterráneas se verán afectadas en lapsos cortos.

No es algo nuevo; es una realidad de todos los años y la seguiremos viviendo. Nos afecta también el cambio climático, el cual se discute desde hace muchos años y no nos toma por sorpresa.

La explotación sin control de pozos privados no solo afecta el balance hídrico, sino que se contrapone al principio de financiamiento solidario de los servicios

Sin embargo, al igual que en años anteriores, los administradores de los acueductos salen muy sorprendidos y alarmados a los medios, en febrero, marzo y abril, a pedirnos a los ciudadanos (sus clientes y razón de ser) ahorrar agua, no desperdiciar, usarla con racionalidad porque es escasa.

Las campañas son necesarias, mas no solo en estos meses, sino todo el año, incluida educación sobre aparatos de bajo consumo, etc. La solución es mucho más compleja y requiere de un enfoque sistémico y la participación de otros actores diferentes al simple ciudadano.

El enfoque debe contemplar la “producción” de agua y consiste en proteger y preservar las fuentes actuales y potenciales por medio de la gestión adecuada de las cuencas hidrográficas, contar con estudios y proyectos necesarios para incorporar nuevas fuentes para satisfacer la demanda creciente de manera oportuna y también el tratamiento, potabilización del agua, conducción, almacenamiento, distribución, administración, cobro e inversión para garantizar el servicio a perpetuidad con calidad y a un costo razonable.

Desorden. Recursos hídricos tenemos de sobra, pero carecemos de capacidad para planificar y desarrollar los proyectos de infraestructura que permitan su utilización adecuada y oportuna. Los proyectos duran 30 años en el papel y cuando se ejecutan ya están desactualizados y son insuficientes para la nueva realidad.

Faltan esfuerzos en la vigilancia sanitaria y el cumplimiento de las leyes —que tenemos de sobra— para evitar y prevenir la contaminación de las fuentes. No como sucede en el nuevo cantón de Río Cuarto, donde se demostró la contaminación por agroquímicos utilizados en el cultivo de piña.

La explotación sin control de pozos privados no solo afecta el balance hídrico, sino que se contrapone al principio de financiamiento solidario de los servicios.

Otro aspecto es la distribución del agua. De conformidad con diferentes informes, los administradores de acueductos reportan agua no contabilizada por el orden del 45 %. Quiere decir que de cada 100 litros de agua que se tratan, se conducen y se distribuyen para el consumo, únicamente alrededor del 55 % se contabilizan en los medidores de las casas. La mayor parte del desperdicio se da por fugas en tuberías, tanques y otras infraestructuras. En otras palabras: si la demanda real fuera de 100 litros, debemos producir 180 porque 80 se pierden antes de llegar al consumidor.

De cada 100 litros producidos solo se factura cerca del 55 %, de modo que, para cubrir los gastos reales de los servicios, debemos pagar casi el doble de su valor.

Mito. En Costa Rica no tenemos escasez de agua, el recurso abunda, pero existe una ausencia de planificación, una marcada incapacidad de ejecución de obra pública, una ejecución mediocre de la gestión integrada de los recursos hídricos y una visión cortoplacista.

Es fundamental que Acueductos y Alcantarillados, incluidas las Asadas, ESPH, JASEC y las municipalidades, nos cuenten cuáles son los proyectos que tienen listos para buscar el financiamiento correspondiente, cuáles ya cuentan con financiamiento, cuáles están para ejecución, cuáles se ejecutan actualmente y cuándo terminan. Asimismo, cómo están organizados para atender los problemas de gestión, cómo están sus índices de gestión, etc. Entonces sí, que vengan a pedir que ahorremos agua, que recibamos un servicio intermitente o sin presión, que nos cuesta el doble de su valor y que, aun así, es ineficiente.

El autor es químico.