6 julio, 2016

Existen nueve razones por las que creemos que no se puede concluir que sí. El país debe estar consciente del costo-beneficio de las políticas económicas, entre ellas, la política de tipo de cambio. En los últimos años, el desempleo ha aumentado significativamente y el crecimiento económico ha rayado en estancamiento.

Pareciera ser que el modelo de desarrollo basado en exportaciones ha sido sustituido por otro basado en el consumo y el mercado interno. Esto ha conllevado costos sociales y riesgos muy importantes.

Dentro de ese contexto, de forma constructiva, expresamos nuestros argumentos:

Flotación administrada o tipo de cambio nominal fijo: La evidencia demuestra que, durante los últimos años, la variación diaria promedio del tipo de cambio nominal ha sido de menos del 1% (coeficiente de variación).

Por tanto, hemos vivido prácticamente bajo un régimen de tipo de cambio fijo que induce a endeudarse en dólares, aunque no se tengan ingresos en esa moneda, o bien, a convertir ahorros de colones a dólares. El FMI en su último Informe de Artículo IV, favorece una mayor flexibilidad cambiaria.

Apreciación real del colón: Con el cambio al régimen de bandas cambiarias a partir de noviembre del 2006, se ha tenido, en los mismos términos del Banco Central, una presión no deseada a la apreciación del colón, estimada por el tipo de cambio real multilateral, de casi 30 puntos porcentuales.

Según el reciente informe del Banco Mundial, sobre Perspectivas Económicas Globales ( www.bancomundial.org, Global Economic Prospects, June 2016), las economías de Centroamérica y México han ganado competitividad por las depreciaciones reales de sus monedas, a excepción de Costa Rica.

El sector productivo no ha sido responsable de la apreciación real del colón: El Banco Central demuestra en sus artículos que esta situación ha sido causada por un excesivo gasto corriente del Gobierno financiado con deuda externa y, en segundo lugar, por el diferencial de tasas de interés que favorece convertir ahorros de dólares a colones. La sobreoferta de dólares que se ha generado en el país no obedece a los fundamentales de la economía que el sector privado produce.

Falta de mayor vigorosidad en reformas financieras: Desde principios del 2011, el Banco Central concentró todos sus esfuerzos en un solo objetivo: lograr metas de inflación. Ahora la inflación está bajo la meta y cercana a la deflación. En otros países esto ha propiciado medidas decididas de estímulo. Según nuestro criterio, se abandonó a su mejor suerte el proceso de reformas financieras y aún falta mucho por hacer, especialmente en la intermediación financiera en colones, donde la participación de mercado de los bancos estatales, tanto en activos como en pasivos, supera el 80%.

La aprobación de una ley de seguro de depósitos mitigaría el riesgo que hoy pesa sobre las finanzas públicas y la integridad del sistema. De igual forma, la promoción de una mayor competencia entre todos los intermediarios por cuentas corrientes en dicha moneda, aparte de otras reformas urgentes tendientes a un mejor funcionamiento de los mercados de tasas de interés y divisas, es una tarea que sin duda debe liderar proactivamente el Banco Central.

Los supuestos del Central para sostener la política cambiaria actual son cuestionables: Los modelos del Banco Central suponen que la actividad económica esté funcionando a su máximo potencial, lo cual no es congruente con el elevado desempleo que se observa en la realidad.

En el informe indicado, el FMI es claro en señalar, por tercer año consecutivo, que no se está operando al máximo nivel de producción. El BCCR da por descontado que la brecha externa del país se financia con los flujos de inversión extranjera directa.

La salida de empresas hacia otros países con mejores condiciones de competitividad hace evidente que no tenemos asegurados permanentemente dichos flujos.

Tasas de interés reales en colones aún de dos dígitos: La meta de lograr una inflación de un dígito era un medio, no un fin en sí mismo. Se pretendía lograr con ello tasas de interés reales en colones de un dígito para promover el endeudamiento en colones que estimulara la inversión, el consumo y la demanda agregada y, con ello, más producción, generación de empleo e, incluso, más ingreso por recaudación de impuestos.

La realidad actual es totalmente otra, con tasas de créditos en colones que reducen el acceso de las personas y empresas a la financiación competitiva. ¿Será hora de pensar en el uso de otros instrumentos, dado que la reducción de la tasa de política monetaria no ha sido eficaz, en búsqueda de la tan ansiada y urgente reactivación económica?

Las reservas monetarias internacionales no están estables ni tienen el nivel óptimo: Si se comparan con países asiáticos como China, Corea, Japón o Singapur, las reservas monetarias son de alrededor del 30% del PIB; en Costa Rica apenas superan el 14%. Aun con países de la región, estos tienen un nivel proporcionalmente mayor. Por otro lado, si el nivel de reservas se compara con el alto nivel de endeudamiento externo, que implica un mayor riesgo, sobre todo en un entorno internacional inestable, el monto de reservas debería ser mayor.

En Costa Rica, las reservas internacionales son un 32,7% de la deuda externa, cuando en casi todos los países comparables superan el 40%.

Por otra parte, la intervención del Banco Central desde diciembre pasado, con tal de sostener la tendencia a la devaluación del colón, lo ha hecho perder cerca de $400 millones en reservas. Alegar que esto está bien, pues el saldo total no se ha reducido, es no ser transparente, en el tanto en que la composición de estas reservas demuestra que lo anterior se explica por los mayores depósitos de los intermediarios financieros en el Banco Central, al haberse encajado todos los préstamos del exterior en dólares. Estas reservas claramente no son propiedad del Central, son pasivos que se tienen con los bancos comerciales.

Nos hemos hecho un país muy caro: Con un tipo de cambio nominal prácticamente fijo desde hace dos años y unos salarios nominales que han crecido en términos reales más de un 7%, mientras que los países competidores han tenido variaciones reales en sus salarios muy inferiores junto con devaluaciones entre un 30% y un 60%, es lógico esperar que nuestros costos competitivos y nuestros productos se hayan encarecido relativamente hablando.

El desempleo rural, juvenil y en los ingresos más bajos: La tasa de desempleo ampliado, que incluye los desalentados de buscar trabajo, es del 11% o mayor según la estacionalidad. Si se profundiza en este análisis, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Hogares del INEC, en las zonas rurales, especialmente en la población juvenil y en el quintil de ingresos más bajos, la tasa de desempleo que interesa es cercana al 30%.

Pensar, en consecuencia, en cómo incentivar los sectores productivos intensivos en el uso de esta mano de obra no calificada debe ser la prioridad y con urgencia para defender nuestra estabilidad política y social, incluido el análisis de cómo la política monetaria y cambiaria puede ayudar en ese sentido.

En resumen, nos parece que un análisis de la política cambiaria actual nos lleva a concluir que nuestra situación no es de equilibrio, neutral y sin afectación sobre la competitividad y que los mecanismos de transmisión de la política monetaria no están funcionando adecuadamente.

Nuestro interés no es promover una devaluación forzada o arbitraria, como se ha afirmado, sino que se implemente una política económica que promueva el empleo y el crecimiento, que prevenga riesgos y elimine distorsiones y ajustes violentos y desordenados en el futuro.

Fernando Naranjo Villalobos, Álvaro Trejos Fonseca, Alberto Dent Zeledón, Fernando Ocampo Sánchez, Miguel Loría Sagot, Carlos Wong Zúniga y Gerardo Corrales Brenes.