Por: Marco Urbina.   1 diciembre, 2017

A lo largo de la historia, y a pesar de sus imperfecciones, la democracia ha demostrado ser el mejor sistema de elección de gobernantes. Quienes no viven en democracia la buscan con ansiedad y muchos ciudadanos de países democráticos no la valoran.

El abstencionismo es parte de la democracia, pero no es la forma correcta de expresar disconformidad. Los políticos nos han decepcionado, no la democracia. Bien dice Mario Vargas Llosa: “La política saca lo peor de las personas”. La verdadera expresión de la democracia está en votar por quien creamos es el mejor candidato para dirigir el país. Quien no vota, le cede a otros el derecho de elegir al gobernante de todos. De nada le sirve quejarse después.

Si el abstencionismo gana unas elecciones, no pasa nada, solo consigue ayudarle a un candidato a ganar con menos votos de los que obtendría si todos hacemos un examen adecuado de las cualidades de cada candidato y votamos por el que consideremos mejor.

Si no nos convence ninguno, debemos exigir propuestas y compromisos reales, y para la próxima tener una participación más activa e incentivar a gente valiosa a participar en los procesos. El país necesita que la mejor gente quiera participar en el gobierno, necesitamos buenos diputados, buenos ministros y buenos gobernantes.

Cada voto cuenta, por mínimo que parezca, en la historia reciente de nuestro país alguien ha perdido una elección por un voto.

Compromiso. Las noticias de corrupción no deben desalentarnos para no creer en la democracia, deben comprometernos a elegir nuevas y mejores personas, que vengan a renovar la fe en el sistema.

El voto es nuestra voz en la democracia. Quien no vota no tendrá derecho después a criticar lo que los demás eligieron.

El hecho de vivir en una sociedad democrática es un auténtico lujo. En muchos países, la gente no tiene derecho a elegir a sus gobernantes. Dictaduras, monarquías o elecciones fraudulentas sustituyen a la democracia.

Votar es un ejemplo para nuestros hijos, para que ellos se comprometan a mantener el sistema. Mientras no haya un sistema mejor, debemos trabajar todos por sostener y pulir este y darle el ejemplo a nuestras familias. Participar es la mejor manera de asegurar el futuro del país.

Los jóvenes muestran un gran desinterés por la religión y la política, ¿solo nos quedará el amor al fútbol? Si sus padres renuncian al derecho de expresarse en las urnas, estarán creando condiciones fértiles para que en el futuro el sistema desaparezca. Renunciar a este derecho nunca será la solución.

Muchos tenemos quejas, muchos están decepcionados. No votar es abandonar el barco, no soluciona nada. No votar es parte de la democracia, pero es la parte que permite que pocos puedan elegir mal. No importa cuántos no voten, igual alguien va a ganar. Cuantos más votemos, más difícil será que nos equivoquemos.

Exigir. Si queremos más seguridad, mejores carreteras, más trabajo, más equilibrio entre lo público y lo privado, menos burocracia y otras cosas que mejoren la situación de estancamiento del país, hay que exigir a los candidatos que se ganen nuestro voto y vengan con verdaderas propuestas y compromisos. No votar les hace más fácil su trabajo, pues tienen que convencer a menos gente de apoyarlos para ganar. Michelle Bachelet ganó su última elección en Chile con un 59 % de abstencionismo; eso no significó nada para el proceso ni para el país.

La abstención no es sinónimo de protesta, no genera mensaje político, puede simplemente ser muestra de indiferencia o apatía. En ese caso, votar nulo sería una mejor forma de mostrar disconformidad, de decir que el proceso sí le importa, que está ejerciendo su derecho y no piensa renunciar a él, que simplemente no le convence ninguna de las opciones que se le presentan.

No hacer nada nunca es una opción para cambiar algo. Participe del proceso, manifieste su posición, exija un discurso coherente y respuestas que le convenzan; escoja al que cree que será el mejor gobernante y vote, de por sí sucede solo un día cada cuatro años. Disfrute de la democracia, vívala.

El autor es ingeniero.