17 diciembre, 2016

La botella de leche, el refresco en vidrio retornable, la bolsa de manta, los pañales de tela y tomar agua del tubo parecen cosas del pasado por la conveniencia que crearon el plástico y los productos desechables. Cuesta creer que esas prácticas amigables con el ambiente eran la norma hace poco menos de 35 años.

Los plásticos de un solo uso tardan cientos o incluso miles de años en descomponerse. La primera bolsa plástica utilizada en el mundo, en los años sesenta, todavía está contaminando nuestro planeta y lo estará por mucho tiempo más.

A pesar de su impacto negativo, el uso de las pajillas, los cubiertos, los platos, las botellas, las bolsas y hasta los juguetes desechables se convirtió en la regla del día a día.

Muchos plásticos son recuperables, pero son descartados en cualquier lugar por su poco valor en el mercado. Si sumamos el uso personal del plástico y lo multiplicamos por 7.000 millones de personas en el planeta, entenderemos por qué para el 2050 habrá más plástico que peces en el mar.

Pero no hace falta verlo en el futuro: las consecuencias las estamos viviendo hoy. Cada vez es más común encontrar especies marinas con sus estómagos llenos de tapas, encendedores y una variedad infinita de plásticos multicolores.

Algunos peces, en su etapa de larva, no solo se confunden, sino que prefieren el plástico antes que su alimento natural, comportamiento con efectos negativos para la especie.

El problema se magnifica en su paso por la cadena alimentaria y somos los humanos los que terminamos ingiriendo este material sintético cuando consumimos productos del mar.

Responsabilidad. Pero ¿quién es responsable de este desastre ecológico? Las grandes compañías de bebidas embotelladas y otros productos desechables cargan en sus espaldas una alta responsabilidad por convertir nuestro paraíso en un cementerio de basura.

Pero, usted y yo, ¿qué rol cumplimos en esta crisis ambiental? La verdad es que tenemos más responsabilidad y más poder de cambiar las cosas de lo que pensamos. Ese es el poder de uno.

Como consumidor tengo poder. Yo decido lo que compro. ¿Es mi botella de agua reusable?, ¿prefiero los productos en envase de vidrio?, ¿uso bolsas de tela para ir al supermercado?, ¿le digo no a los platos, vasos y cubiertos desechables?, ¿rechazo el estereofón en todas sus formas?, ¿escojo productos con menos empaque?

Como ciudadano tengo poder. Tengo el poder y deber de separar los residuos en el hogar. Tengo el poder de decidir por quién voto. Tengo el poder de exigir a nuestros políticos un país donde no existan las bolsas plásticas sin costo alguno en los supermercados, donde se prohíba el estereofón y se fomente una cultura de reciclaje y donde se implemente un depósito ambiental para el plástico.

Avance. Cuando al poder de uno se le suman más personas, este se magnifica. La Universidad de Costa Rica ha dado un gran paso al prohibir el estereofón en su campus; el Gobierno, las municipalidades y la Cámara Nacional de Comerciantes Detallistas se han unido para crear el Plan Nacional para Desincentivar el Consumo de Plásticos de Un Solo Uso; y miles de hogares, escuelas, negocios y playas se han sumado al programa de Bandera Azul Ecológica.

Comprender la magnitud del problema es el primer paso para buscar soluciones. Los invito a ver un reportaje en la página web de CNN llamado Midway: A Plastic Island ( Midway: Una isla de plástico ), que describe cómo la cultura de lo desechable está convirtiendo nuestro paraíso en un cementerio.

No olvidemos las palabras de Edgar Mitchell, astronauta del Apolo 14, cuando vio la Tierra desde el espacio: “De repente, detrás del borde de la luna, en momentos que se detienen como en cámara lenta de inmensa majestad, emerge una brillante joya de azul y blanco, una luz, una esfera delicada color del cielo, envuelta de velos en espirales blancas, ascendiendo gradualmente como una pequeña perla en un mar espeso de grandes misterios. Se necesita más de un momento para comprender que esta es la Tierra… nuestro hogar”.

Esta pequeña perla, el planeta más hermoso del universo, dado por el Padre a sus hijos, merece ser protegido. Por nosotros, nuestros hijos y las futuras generaciones seamos guardianes de nuestra casa común. Cada acción por reducir nuestra huella, por pequeña que parezca, hará la diferencia.

La autora es experta en manejo de Recursos Naturales y cofundadora y directora de Sostenibilidad Del Mar Academy.