Fraser Pirie R.. 27 mayo

Fue en junio de 1563, cuando el conquistador Juan Vázquez de Coronado negoció con el señorío de los huetares de oriente. En la figura del cacique Guarco (1493-1570), quien pasó el mando a su hijo Correque, quien a su vez fundaría el pueblo de Tucurrique.

El pueblo indígena había escogido el mejor lugar en todo el valle de El Guarco. Los aires cálidos subían de la cuenca del río Suerre, hoy el imperioso Reventazón. Aguas abundantes y un fuerte sol acompañaban a los primeros naturales de este bello y tranquilo valle.

Al igual que hoy, en fechas especiales, se llevaban a cabo las ceremonias religiosas importantes de ese tiempo. Los viajeros naturales venían de muchos lugares, desde todas las tierras conocidas, a llegar a ser enterrados en las tierras sagradas. Se volvió una necrópolis. Un lugar religioso, místico… un lugar venerable.

Los huetares se fueron extinguiendo a causa de sus propias guerras fratricidas y luego por las pestes y enfermedades europeas para las cuales no contaban con defensas. Pero dejaron para la posteridad sus extraordinarias águilas de oro.

Los caciques usaban estas insignias como símbolo de su autoridad y de mando.

Las primeras excavaciones que se conocen fueron hechas por José Ramón Rojas Troyo en la necrópolis de Aguacaliente. Luego fueron donadas por su viuda a monseñor Bernardo Augusto Thiel, quien llevó a cabo extensas investigaciones y documentación sobre los huetares.

Mucho de lo que hoy se conoce fue gracias a la documentación de monseñor Thiel. Luego, la colección del Museo Episcopal fue donada al Museo Nacional y fue la base de la extraordinaria colección nacional que hoy se exhibe en el Museo Nacional de Costa Rica. Se estima que el antiguo pueblo de Pura Pora es tan valioso como Guayabo de Turrialba.

La huaca del cacique. Durante 350 años, el tesoro del Señorío de El Guarco permaneció oculto. Hasta que hace 110 años, los primeros sembradores de café tropezaron con una laja y al levantarla observaron con el sol de la mañana una pieza que brillaba. Deslumbrados recogieron con reverencia un objeto de oro.

Se lo regalaron a mi abuela, quien también lo conservó durante su larga vida, y lo entregó sucesivamente de generación en generación para ser siempre contemplado en silencio y con respeto.

Durante decenios, la propiedad se conservaba cultivada con café. Hasta que en los 80 pasó al cuidado del Museo Nacional de Costa Rica.

Nuevo museo. Gracias a un convenio público-privado con el Museo Nacional de Costa Rica, se estableció la Fundación del Museo del Rey Guarco, con el fin de brindar a la ciudadanía un sitio interactivo. Durante los próximos años, la Fundación aportará los fondos para la investigación científica antropológica y arqueológica de todo el terreno de seis hectáreas.

La dirección de la investigación arqueológica estará a cargo de los especialistas del Museo Nacional. La administración financiera del proyecto estará a mi cargo.

Cuando los especialistas investiguen en el sitio y liberen una parcela adecuada, será construido el nuevo museo ahí. Se prevé exponer las piezas originalmente halladas en la necrópolis de Pura Pora. Las antiguas ollas, metates y piezas de piedra tallada, el jade, así como toda una exposición sobre la vida y costumbres del Señorío de El Guarco. Será un museo moderno, en un lugar muy céntrico, en Aguacaliente de Cartago, aquel lugar adonde llegara el adelantado Juan Vázquez de Coronado, enamorándose de los valles y montañas de la incipiente Costa Rica.

Así, también, volverá la huaca del rey Guarco al lugar de donde una vez fue hallada. Si nuestra familia fue la custodia de esta magnífica pieza de oro durante cien años, ya es el momento para que entre a formar parte del patrimonio nacional y sea compartida con miles de personas en nuestra amada Costa Rica.

El autor es empresario.