José Daniel Lara. 13 febrero

El 12 de febrero el gobierno hizo alarde del supuesto logro de haber rebajado los costos de la electricidad (“¿Son caras las tarifas eléctricas en el país?”, La Nación, 12/1/2018).

Empero, este es otro esfuerzo de la administración de Luis Guillermo Solís para celebrar éxitos que no le pertenecen, puesto que la reducción de costos ha sido producto de una serie de variables y fenómenos externos. Asimismo, refleja un desconocimiento del funcionamiento del sistema eléctrico nacional.

El ministro de Ambiente, Édgar Gutiérrez, hace una apología de la generación de electricidad sin tomar en cuenta que las tarifas pagadas por los consumidores incluyen el servicio de transmisión y distribución sobre el cual no es posible referirme en un solo artículo de opinión.

El gobierno ha tenido poca o nula influencia en el costo de la energía y por ley tampoco tiene injerencia en la fijación de tarifas

Las tarifas de electricidad incluyen múltiples componentes y los informes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) reflejan correctamente que el costo final para el consumidor de energía es alto y lo era más que en Centroamérica a junio del 2016 cuando hizo su reporte comparativo más reciente.

Aunque el ministro no hace un análisis completo del sector, vale la pena revisar algunas cifras utilizadas en esta discusión para respaldar la gestión del gobierno.

Generación. Las proyecciones del ICE presentadas a la Aresep en setiembre del 2014 (ya en el gobierno actual) no reflejan que la reducción en el precio de generación sea producto de una mejor gestión de dicha institución.

La primera razón para la disminución del costo variable del combustible (CVC) es la cancelación de costos pendientes por el consumo de hidrocarburos en los años 2012 y 2013, antes de la aplicación del CVC. Situación que surgió como mecanismo de compensación por el rezago de la Autoridad Reguladora para reconocer los gastos del ICE en combustibles.

La segunda razón son las condiciones climáticas inesperadas que han permitido operar las plantas hidroeléctricas a lo largo del año. A partir de mayo del 2014, el embalse de Arenal ha estado por encima de lo previsto para el periodo 2014-2017 habilitando su operación a lo largo de todo el año y no solamente en la época seca.

El gobierno comunicó sus compromisos de reducción del costo de la electricidad apostando por que la tendencia en el embalse Arenal se iba a mantener, y topó con la suerte de que las estimaciones fallaron a su favor. Al momento de la publicación de este artículo, el embalse Arenal muestra un nivel superior al proyectado para el 2018.

Las condiciones climáticas favorables se mantuvieron durante el periodo 2015-2016, reduciendo la generación térmica de 1.043 gigavatios hora (GWh), en el 2014, a 108 GWh en el 2015, 193,03 en el 2016 y 36,71 en el 2017.

Llama la atención que, a pesar de la reducción dramática en el uso de combustibles, la tarifa de venta de energía del ICE a las empresas de distribución, que refleja el costo de generación, no se han reducido con respecto al primer trimestre del año 2014. Estos datos ponen en duda la afirmación del ministro de que “las tarifas eléctricas son hoy mucho más baratas que en el 2014”.

Aumentos. Si bien las tarifas de generación se han mantenido estables, don Edgar deja de lado los aumentos desmedidos solicitados por las empresas de distribución: 26,63 % en el 2017, 13,75 % en el 2018 solo la CNFL (expediente ET-019-2017) y 18,82 % en el 2018 por el ICE (ET-064-2017) y que la Aresep ha rechazado o resuelto por un valor inferior.

El ministro menciona al sector privado, que, como el ICE, se beneficia de las condiciones climáticas favorables y utiliza el monto total cancelado como cifra de referencia. Sin embargo, no menciona que entre el 2013 y el 2015 las tarifas de los generadores hidroeléctricos privados aumentaron únicamente un 3 % y las de generadores eólicos disminuyeron un 7 %. No debería ser sorpresa que con un aumento significativo en la generación por factores climáticos y la entrada en operación de 17 nuevas plantas los pagos al sector privado aumenten.

Tal como lo menciona el ministro, los argumentos inexactos no sirven para debatir con profundidad técnica el tema de la energía. El gobierno ha tenido poca o nula influencia en el costo de la energía y por ley tampoco tiene injerencia en la fijación de tarifas.

Contrario a la imagen que pinta, existen problemas estructurales en el sector como un todo, que incluye tanto la generación como la distribución, que deben atenderse con urgencia para lograr una reducción sustantiva en la tarifas.

El autor es ingeniero eléctrico con una maestría en Energía y Recursos Naturales de la Universidad de California Berkeley (California, EE. UU.) Ha sido consultor en proyectos hidroeléctricos, vehículos eléctricos, energía solar distribuida, biomasa, diseño de dispositivos de control, micro-redes y análisis de sistemas de potencia.