Por: Marianela Masís Cob.   15 abril

Ahora que ya sabemos quién será el próximo presidente de la República, es relevante retomar la discusión sobre la reforma fiscal considerada indispensable para mejorar nuestra delicada situación financiera pública.

La primera opción para combatir el déficit, como en todo hogar con problemas económicos, es buscar opciones para subir el ingreso; sin embargo, para ver resultados reales es indispensable, también, encontrar medios para recortar el gasto y priorizar las obligaciones.

Para cumplir con lo anterior, la pregunta obligatoria que debe hacerse el gobierno entrante es: ¿Cuáles son mis ingresos y cuáles gastos son indispensables?

Este razonamiento es básico para administrar los recursos de la manera más eficiente en este reacomodo presupuestario, y no sobra decir que resulta evidente la necesidad de hacer sacrificios como el recorte del gasto público. El sacrificio debe ser equilibrado para todos los sectores de la población y darse en la medida de sus posibilidades para que podamos salir adelante y superar la difícil situación económica que estamos atravesando.

Empresas y empleados. Al proyecto de ley que se discute en la Asamblea Legislativa se le han introducido varias medidas que pretenden incrementar la carga tributaria a diversos sectores. Al empresariado le tocaría tributar por las ganancias de capital; por ejemplo, por la venta de inmuebles que hoy no tributan; además, los inversionistas deberán pagar casi el doble de la tarifa vigente sobre los rendimientos de sus inversiones.

De forma reciente, mediante la inclusión de una moción que cambia el proyecto de ley original, se incorporó un aumento en la carga tributaria a los salarios más altos.

En cuanto al gasto, vemos dentro del proyecto la limitación del pago de anualidades en el sector público, igualmente incluida de forma reciente mediante moción aprobada, al texto original del proyecto.

Pese a todas esas medidas, el aumento de impuestos representaría alrededor de un 1,8 % del PIB, mientras que el déficit proyectado es de un 7,9 % del PIB.

Estos duros números solo nos llevan a concluir, como se haría en cualquier hogar con semejante situación económica, que el Poder Ejecutivo debe hacer un esfuerzo mayor en cuanto al recorte de gastos, mediante la aplicación de políticas sanas, y ojalá flexibles de administración del presupuesto nacional.

¿Cerrar instituciones? Lamentablemente, no se trata nada más de gastos superfluos o evidentemente innecesarios. Se trata de eliminar aquellos gastos que se determinen como ineficientes, por ejemplo, por múltiples instituciones que hacen lo mismo.

Parece claro que la solución no puede estar enfocada únicamente en cargar con más impuestos a la ciudadanía, ya que, a la larga, esto puede tener un efecto negativo en el dinamismo de la economía mediante una disminución del consumo y un desincentivo al ahorro y a la inversión.

El gobierno entrante debe propiciar un clima de inversión, de generación de empleo, de impulso al emprendimiento y dinamismo de la economía. Esto terminará por generar más recursos que se reflejarán en mayores impuestos para que el Estado pueda cumplir con todas las tareas que se propone.

Es un esfuerzo de todos y no hay mejor momento de asumir este compromiso que ahora, cuando tenemos los ánimos renovados por el comienzo de un gobierno y con la invitación a la unión nacional.

La autora es gerenta de Grant Thornton.