20 marzo, 2015

El estudio de la historia nos ha ocupado durante gran parte de nuestra vida académica y científica. Ha sido una motivación intelectual constante de mis lecciones de Humanismo Integral y de varias ramas de la filosofía en la Universidad de Costa Rica; sin embargo, aún seguimos con dudas y vivencias tenebrosas en ese campo humanístico inagotable como el océano insondable y proceloso de las pasiones humanas.

Acabamos de publicar en la Editorial Guayacán un tratado sobre morfología de la historia, de casi 700 páginas, y aún nos sentimos con la preocupación de que falta mucho que aclarar sobre leyes, tipos, conceptos categoriales, formas, estructuras de la vida humana. El enigma pues, continúa, y es posible que continuará per saecula saeculorum , pues mientras en la humanidad sobreviva el espíritu epistemológico que se inicia en la infancia y nos acompaña de por vida, seguirá aguijoneando la consciencia emotiva y racional.

Hemos tenido que recurrir a todas las ciencias del hombre, no solo a las humanísticas, sino también a las científicas. La sociología, en primer lugar, como sede y fundamento de todo estudio sobre el escenario histórico, la antropología, la politología, la ciencia jurídica, la teoría del Estado, la filosofía general y la ontología, la psicología y la psiquiatría, e incluso la neurología y la genética han desfilado en las investigaciones de lo histórico que hemos desarrollado en la obra que acaba de publicarse.

La ciencia humanística que más nos ha facilitado una visión panorámica e integral de la historia es la sociología. No dudamos de que el escenario básico de la convivencia humana en sus tres dimensiones temporales (pretérito, presente y futuro) es la sociedad, desde los tiempos más remotos con las formaciones de clanes y tribus hasta las integraciones de las grandes civilizaciones.

Estamos de acuerdo con algunos autores en que no se debe identificar sociología con historia.

Son ciencias distintas en sus métodos y perspectivas. También conviene –¡mucho más!– establecer lo que tienen de común, su convergencia de perspectivas en una misma esencia.

Nosotros consideramos que los conceptos categoriales de la sociología y los de la ciencia de la historia constituyen una complementariedad conceptual, en la cual lo más sustancial no son las diferencias sino las correspondencias.

Una visión habitual tiende a considerar la sociología como un estudio de la humanidad en su convivencia social actual, en tanto que la historia se dedica a los hechos trascendentes del pretérito. No podemos compartir esa opinión o perspectiva, pues tanto en lo personal como en la proyección colectiva del individuo la vida humana desde la prehistoria se proyecta hacia el futuro, y su evolución depende de una tradición que se acumula y se atesora con experiencias e ideas arcanas.

El lector culto y reflexivo podrá juzgar si los conceptos y leyes que hemos extraído del escrutinio de la historia arrojan alguna luz sobre su enigmático ritmo interno, que es para nosotros un proceso cíclico y ondicular, esto es, palindrómico.

Dentro del enigma eterno hay algo claro indubitable: en el hoy está presente el ayer y en el ayer está predeterminado genéticamente el hoy con todos los demás factores mecánicos, azarosos y dinámicos de la evolución inexorable.

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