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‘El cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí’

Ojalá la universidad contribuya al rediseño de la asignatura de Cívica, que se centra más en valores patrióticos con escaso contenido que en los morales

A mediados de la década de los 60, la Universidad de Costa Rica impartía el curso de Fundamentos de Filosofía como parte de la formación humanística.

Recuerdo con orgullo las lecciones y conferencias de Constantino Láscaris y Claudio Gutiérrez. Un esbozo —no podía ser de otra manera— de la filosofía de Immanuel Kant me permitió conocer y conservar en mi memoria, desde entonces, lo hermoso y profundo de este pensamiento: «Dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y respeto, cuanto más reflexiono sobre ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí».

El cielo estrellado sobre mí lo entiendo como metáfora de lo objetivo, de la inmensidad exterior de la cual soy parte y que solo puedo conocer y actuar de conformidad con las leyes naturales, científicas, independientes de mi voluntad, deseos y creencias. La ley moral dentro de mí, en cambio, es lo subjetivo, aquello que debo establecer «a priori» desde mi interior para una correcta conducta en sociedad y una conciencia sin reproches.

En la primera de las cosas —como decía Kant— y desde la perspectiva de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, el progreso de la humanidad es cada vez más rápido. Ya se han dado tres revoluciones industriales y estamos a las puertas de la cuarta.

En la segunda de las cosas: la ley moral en líderes ha propiciado cambios políticos en busca del conocimiento y lo virtuoso. Esto ha conducido a algunas naciones al bienestar, la prosperidad y a estar a la vanguardia del desarrollo.

Por otro lado, la restricción de libertades y el estado de extrema pobreza de otras naciones son el resultado de decisiones —cuyo único argumento es el dogma y la fuerza de las armas— de sus líderes carentes de una ley moral que establezca límites de respeto a los derechos de los miembros de la sociedad.

Los líderes políticos y religiosos de los años 40 del siglo anterior tomaron conciencia —una cuestión moral— y acordaron crear la reforma política conocida como las garantías sociales: la Caja Costarricense de Seguro Social, la Universidad de Costa Rica y el Código de Trabajo.

Asentado en estas tres columnas, el Estado emprendió los cambios sociales trascendentales en los ámbitos sanitario, educativo y laboral. Como consecuencia de esta reforma política —tras la guerra civil y la Constitución del 49—, hubo otro cambio de gran envergadura para la sociedad: la abolición del ejército como institución del Estado, de tal manera que en esa década se da lo que podríamos llamar la primera revolución social formada por cuatro columnas que han sostenido nuestra democracia.

El progreso significativo que mostraba el país durante las primeras tres décadas se detuvo. Los años 70 fueron de ocurrencias, soberbia y desaciertos políticos. Ingresamos en la economía estatista, acaparadora, cuyas nefastas consecuencias sociales y económicas golpearon con fuerza al país durante la siguiente década de los 80. No se perdió una, como algunos dicen, sino dos décadas: en los 70 se detuvo el avance y en los 80 más bien hubo retroceso.

Eugenio Rodríguez Vega, exrector de la UCR, expresó: «No podemos resignarnos al cultivo egoísta de la ciencia, de las letras o del arte, suponiendo que el destino nos tocó con su mano piadosa apartándonos del resto de los mortales. Lo queramos o no, la universidad vive en una sociedad de obreros, campesinos y gentes de clase media, que en distinta forma contribuyen a que todos nosotros podamos dedicarnos a la educación superior».

Ojalá la universidad contribuya al rediseño de la asignatura de Cívica, que se centra más en los valores patrióticos y con escaso contenido que en morales.

Recordemos que la conducta de la persona es el reflejo de la moral individual y esta, a su vez, es la base de la moral social. Son muchas las familias que no tienen la capacidad y el tiempo para dar una apropiada formación en valores a sus hijos; en algunas, más bien, hay violencia y se propician los antivalores.

Si un niño o adolescente sueña con ser presidente de la República, no basta con estar de acuerdo con su anhelo, al soñador se le debe enriquecer con conocimientos, responsabilidades y especialmente con los valores de integridad, abnegación, capacidad y persistencia que demandaría la realización de su sueño, a fin de que pueda adquirir conciencia de su futuro compromiso con la sociedad.

La desaparición del bipartidismo, la grave crisis fiscal, la ley de empleo público, las consecuencias de la pandemia y ahora el multipartidismo son una señal de que comenzó nuestra segunda revolución social, con el gran cambio necesario de tener un Estado eficiente: más pequeño, menos costoso, sin monopolios y brindador de una mejor calidad de sus servicios.

¿Será la quinta columna de nuestra democracia? El Estado y sus instituciones no deben ser un fin en sí mismos, sino un medio para el servicio, el bienestar y la prosperidad de todos los habitantes.

renejimenezfallas46@gmail.com

El autor es ingeniero.

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