Educación sexual: más que información

Hablar sobre educación sexual se ha convertido en algo tan delicado como hablar de religión o de política, porque toca valores preciados y sensibilidades, por lo que pocas personas tienen una actitud indiferente. Las posiciones sobre cuál es el abordaje correcto del tema, se han polarizado.

Deben ser muchas las causas de esta radicalización, pero, de momento, se me ocurren dos: por un lado, la rebelión contra la visión represiva de la sexualidad que imperó durante generaciones; por el otro, el hastío y el disgusto por la sexualización excesiva de la cultura popular, de la música, de las imágenes, y en general de todo lo que nos llega a través de los medios de comunicación, que no discrimina entre el público adulto y el que no lo es, exponiendo a los menores a material inapropiado.

Por citar solo dos ejemplos, Hollywood e Internet nos llevan enorme ventaja a los padres de familia, a los educadores, a las Iglesias y a las organizaciones civiles, en cuanto al grado de penetración en las mentes y en la conducta de los jóvenes, estimulando en ellos una actividad sexual temprana, promiscua e irresponsable.

“Lamento mucho haber tenido sexo contigo” le dijo Juno, la jovencita de 16 años que protagoniza la película de 2007 del mismo nombre –nominada a 4 premios Oscar y ganadora en la categoría de Mejor Guion Original – a Paulie, su amigo y coautor de su embarazo no planeado.

Cuando discrepar se convierte en el objetivo, se desaprovecha la oportunidad para encontrar puntos en común con respecto a esas situaciones que, a pesar de las diferencias, preocupan a toda la sociedad, como los embarazos de niñas y jóvenes menores de edad, los abortos o la transmisión de enfermedades. Sin embargo, esos no son los únicos aspectos que debe abarcar la educación sexual, ni se debe olvidar que los menores son personas aún en proceso de crecimiento y aprendizaje físico, mental y afectivo.

“Sé que no fue idea tuya”, agregó. “¿De quién fue la idea?”, respondió Paulie. Sin contestar, Juno se montó en su bicicleta. “Te veré en el colegio, ¿O.K.?”, le dijo como despedida. “¿De quién fue la idea?”, se preguntó Paulie a sí mismo mientras ella se alejaba tranquilamente, como si nada hubiera irrumpido en su normalidad.

Información y formación. Recibir educación sexual es un derecho de niños y jóvenes, pero, ¿qué significa en realidad educación sexual? “Crianza, enseñanza y doctrina”, es una de las definiciones que la Real Academia da al término educación. Eso nos debería llevar a concluir que si bien la educación sexual no puede ser solo doctrinaria, tampoco puede ser solo informativa.

También debe ser formativa. Debe enseñar. Es decir, debe ofrecer a los menores la información necesaria, a la vez que los orienta teniendo en cuenta la evolución de sus facultades, para así promover su mayor bienestar social, espiritual y moral y su salud física y mental.

Según la Convención de Derechos del Niño, los menores tienen derecho a “un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social”. La responsabilidad es de toda la sociedad, incluidos el Estado, las Iglesias y las organizaciones civiles; pero la mayor responsabilidad recae en los padres de familia.

En otra escena, mientras Juno investiga opciones para deshacerse del bebé, la telefonista de una clínica donde se practican abortos le pregunta desde cuándo es sexualmente activa. De inmediato, a su mente acude un flashback con la imagen de su profesora poniéndole un condón a un banano.

Millones de jóvenes en el mundo, al igual que Juno y Paulie, saben para qué sirven y cómo se usan los métodos anticonceptivos. Aun así, los embarazos juveniles se han disparado en las últimas décadas, tanto entre los jóvenes no informados como entre los que sí han tenido al alcance toda la información.

El Ministerio de Educación está por introducir nuevas guías de educación sexual dentro del Programa de Educación para el Hogar. Como representante del Estado, el MEP, efectivamente, debe participar de forma activa en la educación sexual de los menores costarricenses. Por lo tanto, es importante que estas guías, y los profesores a cargo de su implementación, ofrezcan un planteamiento equilibrado, porque la educación sexual meramente informativa y desprovista de contenido ético y afectivo, puede terminar promoviendo las conductas y los resultados que pretende prevenir.

“Bueno, ¡no hay nada como experimentar!” le dice Juno, con picardía, a Paulie, mientras se preparan para trabajar en el laboratorio de ciencias.

Ante una realidad tan riesgosa y frente a los puntos de vista a veces extremistas que exponen los diversos sectores sociales que participan en la discusión, los padres de familia no podemos permanecer indiferentes. Somos los más obligados a estar bien informados y bien formados, y a tener una posición clara sobre el tema, pues somos los principales educadores de nuestros hijos.

Cada familia debe asegurarse de que la instrucción sexual de sus hijos sea integral, que los instruya en los aspectos fisiológicos y sanitarios, a la vez que los prepara en el área emocional, moral y espiritual que mejor responda a sus valores y a sus creencias.

Debemos tomar una actitud activa y diligente ante la información y los modelos de conducta a que están expuestos nuestros hijos, sea a través de su colegio, su grupo de amigos, la televisión, la red o cualquier otra fuente.