Por: Luis París Chaverri.   Hace 3 días

La derrota sufrida por el Partido Liberación Nacional (PLN) en febrero pasado ha dejado conmocionada a su cúpula, pues su reacción ha sido como si nada grave hubiese sucedido, totalmente pasiva, abúlica, dubitativa, lo que sin duda es síntoma de su absoluto desconcierto.

Un segundo fracaso consecutivo de ese partido, con los peores resultados de su historia, necesariamente entraña un mensaje del electorado que es necesario analizar, descifrar y entender.

Ese reiterado rechazo obliga al PLN a efectuar, con la brevedad posible, un proceso de introspección y catarsis que le permita subsanar los errores y superar las deficiencias que los ciudadanos le reclaman en las urnas.

Pero el rechazo al PLN tiene que ver, fundamentalmente, con aspectos éticos y morales, con la pérdida de credibilidad de sus dirigentes, con la percepción de la gente de que la corrupción está generalizada

En las presentes circunstancias, la renuncia de su Comité Ejecutivo y de su Directorio Político sería no solo un acto de responsabilidad y madurez política de quienes ostentan esos cargos, sino, también, un enorme servicio al propio partido y un paso en la dirección correcta para facilitar dicho proceso.

Es evidente que amplios sectores sociales que antes compartían los planteamientos ideológicos liberacionistas y confiaban en sus dirigentes en las últimas elecciones presidenciales han favorecido otras opciones partidarias y a otras figuras políticas, lo cual sugiere la necesidad de revisar su propuesta y de renovar sus liderazgos.

Incongruencia. Sobre la cuestión ideológica, más que la exigencia de un replanteamiento, el electorado reclama la incongruencia entre las propuestas y lo que se hace cuando se gobierna o se llega a ocupar una curul.

Con respecto a la necesidad de un remozamiento, el clamor ciudadano es que se pase del discurso a los hechos, que el reiterado compromiso de sus líderes sea honrado en la práctica y que no quede en un simple e insuficiente maquillaje.

Por otra parte, es una realidad que el deterioro, o abandono, de la relación con las organizaciones sociales, comunales y sindicales, con los gremios intelectuales, académicos y profesionales, con los movimientos estudiantiles, con nuestros campesinos, otrora bastiones liberacionistas, ha tenido consecuencias electorales negativas para el PLN, cuyo futuro depende, en gran medida, de la capacidad que tenga para restablecer esa relación.

Es esencial que el PLN retome la vocación de estudio y reflexión sobre los problemas nacionales y reemprenda el esfuerzo de capacitación de sus cuadros dirigentes, factores que, en sus inicios y por varias décadas, le dieron carácter de partido ideológico y permanente, lo cual le diferenció de sus adversarios, quienes se organizaban únicamente para el período de la campaña electoral.

Lamentablemente, desde hace muchos años, el PLN también se convirtió, exclusivamente, en una maquinaria electoral, aspecto que, en la actualidad, dado las nuevas tecnologías de la comunicación y la volubilidad del electorado, no tiene la importancia de antes, aunque algunos dirigentes verdiblancos despistados y desfasados consideran que la solución a la actual crisis partidaria consiste en otorgar mayor poder a los cuadros territoriales en el nombramiento de los candidatos a diputados.

Esfuerzo conciliador. Apostar por fortalecer una maquinaria electoral desgastada por la virulencia de los procesos eleccionarios internos, por el “canibalismo político” imperante, por la realidad de su obsolescencia, es un verdadero disparate que podría depararle mayores problemas al partido.

Lo que sí es indispensable, en procura de la unión de las diversas corrientes internas, es la puesta en marcha de un esfuerzo conciliador dirigido a que el proyecto común, representativo de los ideales que sustentan su acción política, prevalezca sobre los personalismos y las desavenencias de sus principales líderes.

Pero el rechazo al PLN tiene que ver, fundamentalmente, con aspectos éticos y morales, con la pérdida de credibilidad de sus dirigentes, con la percepción de la gente de que la corrupción está generalizada e institucionalizada en su seno, y es aquí donde radica su principal desafío para recuperar la confianza y el apoyo mayoritario del electorado.

En ese sentido, es necesario la adopción de estrictos requisitos, eficaces controles y fuertes sanciones que garanticen la idoneidad de los candidatos a puestos de elección popular y de las personas que se designen en cargos de gobierno, para así evitar, o al menos minimizar, el daño que los actos corruptos de unos pocos le producen a todo el colectivo político.

Es tiempo ya de que la cúpula liberacionista reaccione y emprenda acciones sustantivas en procura de solventar la seria crisis que amenaza el futuro de la que ha sido por casi setenta años la principal fuerza política del país.

El autor es exembajador.