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Costa Rica también libra una guerra

Es muy lamentable lo que está pasando en los centros de enseñanza

Costa Rica también está en plena guerra. Suena cruel, pero es la verdad. Vivimos tiempos violentos en muchos ámbitos, que llama a la meditación.

Es preocupante ver, leer o escuchar las noticias. Prácticamente a diario, los medios de comunicación nos informan sobre pleitos en los centros de educación y muertes en accidentes de tránsito, por peleas, ajuste de cuentas o atracos, entre otros hechos que causan frustración e invitan a hacernos preguntas como qué está pasando en el país, dónde están los valores, dónde está la Suiza Centroamericana, seremos tan felices como dicen.

Es increíble, pero debo decirlo, los costarricenses nos estamos matando entre nosotros mismos. Esa es la gran diferencia con otras guerras. Es lamentable, pero no dejan de caer los costarricenses y es imperativo que las autoridades, los padres de familia y la ciudadanía en general reflexionen sobre lo que está pasando. Si será demasiado tarde, es una pregunta que debemos hacernos.

Me interesa resaltar el ambiente en los centros de educación. Aún no están cayendo costarricenses, pero ¿por cuánto tiempo? ¿Hasta cuándo hay que esperar para que comiencen a caer?

Es muy lamentable lo que está pasando en los centros de enseñanza, cuna de nuestros valores y nuestro orgullo.

Hemos gritado al mundo que en esos sitios juegan, gritan y aprenden nuestros soldados. Un ejército de estudiantes y profesores dispuestos a servir al país, no con armas, sino con conocimiento, sabiduría y entrega.

No sé lo que están sufriendo o lo que piensan los estudiantes en estos días, y tampoco conozco las causas de estos reprobables hechos. Supongo que debe haber una cantidad considerable de razones, por ejemplo, me atrevo a señalar estrés, abandono, maltrato, abuso, el encierro debido a la pandemia, bullying, falta de alimentación básica y carencia de vivienda digna.

Las autoridades a cargo de la educación, el orden y la seguridad deben promover un proyecto o buscar alternativas para proponer una solución a corto plazo, de lo contrario la situación se nos va a salir de las manos, y solo Dios sabrá qué pasará con nuestros hijos, nietos, sobrinos, etc.

Por supuesto, la solución no está solo en las oficinas gubernamentales, también en los hogares, los centros de trabajo y demás sitios.

Es un hecho, hay que atacar las causas de tantos conflictos en los centros de estudio y darle solución inmediata al problema. ¡Urge actuar! Hay que evitar que empiecen a caer nuestros niños, que el problema se agrave y que los centros de educación se cierren, pues los padres no querrán arriesgar a sus hijos.

Debemos evitar que la deserción estudiantil aumente, que nuestros hijos busquen caminos fáciles, que se pierda nuestra juventud y, ¿por qué no decirlo?, debemos evitar que se pierda nuestro futuro.

No hay más allá. Es el momento de tenderles la mano y ayudarles a ver hacia delante, a ver con otra perspectiva y mostrarles que el mañana no está en los conflictos, los pleitos, el maltrato, las ofensas, la agresión y, mucho menos, en las drogas o las armas.

El futuro está en la enseñanza, los valores, la disciplina, el esfuerzo, la dedicación y, sobre todo, en el deseo de superación personal.

gugra0305@gmail.com

El autor es contador jubilado.

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