Foros

Claves del cambio

Anhelamos poner fin a la deslealtad que suponen la corrupción y los abusos de poder que engendran pobreza e injusticia

La filosofía se origina en el asombro. Pero algo más admiró a los filósofos: el cambio, el movimiento. En la naturaleza todo parece moverse. Basta con contemplar el invierno, la primavera, el verano.

En las personas puede darse, asimismo, una mudanza. Metánoia es un término griego que hace referencia a un profundo cambio que opera en el interior de la persona. La transforma y le brinda una orientación radicalmente nueva a su trayectoria de vida. Va más allá de un cambio de pensamiento, revela un cambio de actitud.

Se dice que la esencia del cambio personal está en el cambio de actitudes. Ellas se nutren de las propias creencias: lo que tiene valor y da sentido a la existencia. Las actitudes son fundamentales, pues definen conductas, generan visiones y orientan nuestro modo de relacionarnos.

El cambio es una constante. Muchas veces una necesidad. Cuando toca a nuestra puerta, podemos afrontarlo de distinta forma, celebrarlo o experimentar temor. Temor a la inseguridad, a la falta de control.

Lo cierto es que el cambio exige una respuesta. Cuando queremos promoverlo, es posible experimentar resistencia. Expertos han descubierto que el encuentro es la gran fuerza que genera el cambio. ¿Qué tipo de personas generan esta dinámica, esta cultura del encuentro? Las que están comprometidas y comprenden la apertura. Comprometerse con un ideal, trazar un objetivo y alcanzarlo es un gran reto.

Aristóteles, el filósofo del sentido común, supo ver que existe el tiempo porque existe el cambio. El cambio es un camino no un fin. Un medio que orienta hacia la plenitud, hacia el máximo desarrollo de nuestras posibilidades. Cambiar implica aprender. El cambio empieza por uno mismo.

No habrá cambio verdadero y profundo en las instituciones si no cambian las personas que las conforman. Los problemas no están en las estructuras, sino en los que las integran. Para dar un golpe de timón a este país, tenemos que cambiar comportamientos y no pocas malas prácticas.

Experimentamos un momento histórico que nos remite al encuentro, no al desencuentro. Un momento de grave responsabilidad. El verdadero ciudadano no rehúye los deberes de su tiempo. Es sensato.

Acudamos a las urnas. De nuestras decisiones depende el futuro de Costa Rica. La crisis actual está preñada de posibilidades. De posibilidades de cambio. No perdamos la oportunidad de cristalizarlas.

La patria demanda y exige estatura cívica. Sigamos dando el ejemplo de la indeleble democracia. La grandeza del hombre y de la mujer depende de su capacidad de participación. Ensanchémosla. Conduzcamos nuestra historia. El mundo nos observa.

Anhelamos la metánoia en los políticos, un honesto cambio que ponga fin a la deslealtad que suponen la corrupción y los abusos de poder que engendran pobreza e injusticia. Que están minando nuestra economía.

Todos anhelamos que se eleve nuevamente el estandarte de la gran y primera dama: la educación. El único camino. En ella quizá resida la unidad subyacente, no sobornable, la que no cambia, permanece y constituye nuestra identidad costarricense. Ahí residirá, quizá, la clave de nuestro encuentro y, por ende, de nuestro cambio.

hf@eecr.net

La autora es administradora de negocios.

En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.