Ronald Matute. 21 marzo

A la campaña de las “manitas limpias” del excandidato presidencial Fabricio Alvarado le salieron manchas que debe aclarar.

El último capítulo de esta saga bien podría ser titulado “Las bolsas del pecado”.

La Nación reveló, la semana pasada, que miembros del equipo del exaspirante habrían recibido donaciones en efectivo en bolsas negras. Según una investigación del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), excolaboradores de la campaña dicen haber visto ingresar fajos de billetes de $1.000 a la sede fabricista.

Relatan los testigos que el dinero era contado allí mismo y, al parecer, fue utilizado para pagar a proveedores y personal de apoyo. El gran detalle es que esas donaciones no fueron reportadas al Partido Restauración Nacional ni al TSE y, por ello, este último envió una denuncia a la Fiscalía.

La denuncia agrega que, según los testimonios, incluso se organizaron cenas para recaudar fondos y tampoco fueron notificadas.

En otro reciente episodio de la novela, este diario reveló que el comando de Alvarado pagó $65.000 a dos empresas en la segunda ronda electoral del 2018. Ambas compañías fueron contratadas sin el aval del Comité Ejecutivo del PRN que, conforme a la ley, es el único responsable de autorizar y reportar esos pagos.

Meses antes, también había trascendido que el TSE pidió al Ministerio Público investigar dos viajes en helicóptero del candidato de Restauración. El Tribunal denunció el posible uso de un testaferro para ocultar que esos periplos en realidad fueron pagados por dos sociedades anónimas, lo cual está prohibido.

Incluso un primo del exaspirante afirma que el PRN le debe ¢115 millones por trabajos hechos para la contienda electoral, aunque ese partido dice no tener contratos firmados.

Ante todo lo anterior, no cabe duda de que Fabricio Alvarado le debe una explicación clara al país sobre el manejo de las finanzas de su campaña.

No se vale que se oculte detrás del domo protector de sus redes sociales para hacer fugaces apariciones en un ambiente controlado y libre de preguntas. Tal estrategia podría parecerle cómoda y ventajosa. Pero, en realidad, podría pasarle la factura si más adelante decidiera volver a postularse para la presidencia.

El autor es jefe de Información de La Nación.