Darner A. Mora. 21 marzo

La práctica del baño de bosque, o shinrin-yoku, fue iniciada por la Agencia Forestal de Japón en 1982 como una iniciativa para dar valor a los bosques, cuya cobertura asciende al 67 % de la superficie de ese ordenado país.

Surge de las tradiciones sintoísta y budista, que promueven la comunicación con la naturaleza usando los cinco sentidos.

Las bases fisiológicas y psicológicas de los efectos beneficiosos del bosque fueron descubiertas por el grupo liderado por el antropólogo y fisiólogo Yoshifumi Miyazaki, de la Universidad de Chiba, ubicada cerca de Tokio.

Los investigadores midieron la concentración de cortisol —biomarcador del estrés— en la saliva de individuos expuestos al bosque, y resultó significativamente menor que en quienes habían permanecido en un ambiente urbano. Además, con técnicas avanzadas de neurobiología han ratificado que pasear o caminar en un bosque disminuye la actividad del córtex prefrontal, la parte del cerebro donde residen las funciones cognitivas y ejecutivas como planificar, resolver problemas y tomar decisiones.

En su lugar, la actividad se desplaza a otras áreas del cerebro relacionadas con la emoción, el placer y la empatía.

Por otro lado, el inmunólogo Qing Li, de la Escuela de Medicina de Tokio, ha demostrado que un paseo por un bosque o un parque incrementa significativamente la concentración de células de tipo glóbulo blanco denominadas "células killer”, que contribuyen a la lucha contra las infecciones y el cáncer.

Li asegura que los compuestos volátiles emitidos por los árboles son los principales responsables de los efectos beneficiosos sobre el sistema inmunitario, incluso se han llevado a cabo experimentos con diversos compuestos aromáticos naturales, como limonenos, cedrol o isoprenos, algunos conocidos por su efecto antimicrobiano. Estos compuestos volátiles producidos por las plantas se denominan fitoncidas, y son usados en aromaterapia y medicina holística.

Los países con abundante cobertura boscosa tienen más acceso al agua y más biodiversidad o seres vivos. Aún más, las urbanizaciones y ciudades con mayor superficie boscosa son más saludables porque los árboles amortiguan el estrés. Por cierto, no es lo mismo una playa con zona boscosa, como las de Costa Rica, que las desérticas de California o el Mediterráneo.

A la luz de estos datos, lo lógico es promover con cierta frecuencia los baños de bosque, el disfrute de la floración de los árboles y, sobre todo, practicar y promover la plantación con el propósito de ampliar la cobertura en el mundo. Si se logra, generaría riqueza, biodiversidad, bienestar y felicidad.

El autor es salubrista público.