Juan José Echeverría Alfaro.   1 febrero

De hoy en un año, el domingo 2 de febrero del 2020, iremos por segunda vez a un proceso electoral de medio periodo para elegir a todas las autoridades municipales y, por primera vez, lo haremos en 82 cantones, dada la reciente creación del cantón Río Cuarto.

Estas elecciones municipales son parte del esfuerzo por promover la descentralización del Estado, fortalecer a los gobiernos locales y crear condiciones para una mejor y mayor participación ciudadana.

Primeros pasos. El primer capitulo de ese esfuerzo se escribió en noviembre del 2002, cuando por primera vez elegimos en forma directa y democrática a quienes ocuparían las alcaldías. Esas elecciones se repitieron en el 2006 y el 2010. Si bien fue un paso importante, era insuficiente, dado que los concejos municipales se seguían eligiendo en las presidenciales, en febrero de cada cuatro años.

Ante esa situación y por la dificultad para llevar gobernabilidad a las municipalidades, el Tribunal Supremo de Eleciones (TSE) promovió no solo las elecciones conjuntas de todas las autoridades locales en un solo proceso, sino que, además, estas elecciones fueran a medio periodo, dos años después del proceso nacional, en procura de descontaminar las elecciones locales del resultado presidencial. La primera elección fue en febrero del 2016.

Como país aún nos cuesta entender la trascendencia e importancia que tienen las municipalidades en el desarrollo nacional. La realidad del país es la suma de las realidades de 82 cantones; si no mejoramos en cada uno de ellos tampoco mejoraremos como país.

Alcance municipal. Las autoridades municipales son las responsables de administrar nuestros recursos y brindarnos los servicios en cada cantón. Desde el momento en que cruzamos la puerta de nuestra casa, caemos en un territorio cantonal administrado por una municipalidad. Nuestra calidad de vida depende directamente de la gestión municipal, puede ser mejor o peor, según sea bueno o malo el trabajo del ayuntamiento.

La planificación del territorio, la protección de cuencas hidrográficas y recursos naturales en general, alcantarillado pluvial, el rescate del espacio público (parques, aceras, bulevares, ciclovías), la regulación de la actividad comercial, la promoción de la cultura, recreación y el deporte, la construcción y mantenimiento de calles y caminos municipales (75 % de todas las vías del país) y, por supuesto, la limpieza y aseo de ciudades, barrios y caseríos, son algunas de las importantes responsabilidades de todas las municipalidades.

Algunas han incursionado en otros importantes servicios, como la policía municipal, acueductos, educación, infraestructura educativa y de salud, hogares para adultos mayores, centros de atención de niños o programas de capacitación laboral.

Para lograr que los servicios se presten con responsabilidad, calidad y eficiencia, es imprescindible que quienes administren las municipalidades sean personas preparadas, con criterio y liderazgo, que conozcan las necesidades y realidades de su cantón, con un alto espíritu de servicio y sobre todo con mucha capacidad de dialogo y disposición para la búsqueda de acuerdos y trabajo en equipo, no solo con quienes integran esas mismas dependencias municipales y sus servidores, sino con sus comunidades y los actores locales (institucionales, sociales, empresariales, religiosos, culturales, etc).

Facilitadoras. Las municipalidades no pueden hacer todo, pero deben estar en todo, deben ejecutar cuanto les corresponda, pero también deben propiciar, facilitar y coordinar cuando les corresponda a otros. No deben ser obstáculos para el desarrollo, tienen que ser facilitadoras, son el primer factor que se toma en cuenta para la atracción de inversiones.

La ocasión es propicia para motivar la conciencia cívica de los partidos políticos, tanto en ámbito local como nacional, para que se avoquen a escoger a las mejores personas para las candidaturas a los puestos de elección municipal.

Espero que con las consideraciones anteriores se facilite la definición del perfil de quienes deben ser postulados. Sin embargo, la responsabilidad es compartida, también la ciudadanía debe cumplir su parte. Hay que valorar trayectoria, trabajo y propuestas para elegir las mejores opciones.

Quienes triunfen en el proceso de febrero del 2020 trabajarán para nosotros, administrarán nuestros recursos y nos brindaran los servicios que necesitamos para vivir mejor. Si todos hacemos bien nuestro trabajo, el futuro de Costa Rica será mucho mejor eso; vale cualquier esfuerzo.

El autor fue presidente ejecutivo del IFAM.