Ivonne Acuña Cabrera.   28 septiembre, 2018

El 14 de diciembre de 1990 la Asamblea General de las Naciones Unidas acordó declarar el 1.° de octubre Día Internacional de las Personas Adultas Mayores.

La fecha constituye una importante oportunidad no solo para celebrar la vida de las personas mayores, sino, ante todo, para reflexionar acerca de los desafíos que tenemos como sociedad en el presente y el futuro en vista del sostenido aumento de la longevidad en nuestro país.

De acuerdo con datos proporcionados por especialistas en la materia, por la disminución acelerada de la tasa de natalidad y el aumento de la esperanza de vida de la población, entre otros factores, se prevé que 1 de cada 3 personas será adulta mayor en los próximos años. Es decir, pasaremos de un 9 % de gente de 65 años a casi un 40 % en el 2100.

Esa modificación de carácter demográfico también tiene consecuencia en lo social, la salud pública, la economía y la cultura del país. Frente a esos efectos, debemos estar preparados.

Saludables. Un primer aspecto que debe considerarse es que una gran parte de los adultos mayores de hoy están muy lejos de estar inactivos, desplazados o ser dependientes. En general, gozan de buena salud física, emocional y mental; son personas con mucho que aportar, por su conocimiento, experiencia y sabiduría; son personas con sueños y proyectos, que no viven evocando el pasado, sino mirando con ilusión el presente y el futuro de su familia, comunidad y sociedad.

Es cierto que también muchos de ellos son dependientes, con necesidades específicas de cuidado y atención, y estos son, como los otros, sujetos de derecho, pero no se les debe mirar como en el antiguo paradigma, como seres pasivos a quienes se les debe dedicar tan solo un tiempo para entretenerles y mitigar parcialmente su aislamiento y soledad.

En todos los casos, los mayores deben ser integrados a la sociedad, a las comunidades y a las familias donde pertenecen, porque han sido, son y deben continuar siendo protagonistas activos en esos escenarios.

Convivencia. Otro aspecto fundamental es propiciar el diálogo y la convivencia intergeneracional. No basta con impulsar más centros de cuidado para los mayores o actividades lúdicas para que departan entre ellos. Sin demeritar estas opciones, la adopción de un enfoque integral y adecuado debe permitir la participación activa de los adultos mayores en los espacios y tiempos en donde se reúnen también los otros miembros de la sociedad, la comunidad y la familia.

Las experiencias de los programas de encuentro intergeneracionales adoptados en países europeos y latinoamericanos han sido muy exitosos para la inclusión e integración social. En Costa Rica, es urgente que la Red de Cuido de Personas Adultas Mayores sea fortalecida y extendida a cada cantón.

De manera especial, los principales desafíos se presentan en las grandes transformaciones culturales, acceso de la infraestructura, oportunidades de trabajo y participación y toma de decisiones en los distintos ámbitos de la cultura, la política, la sociedad y la economía. Atención especial requieren los retos de seguridad social en pensiones, prevención y atención de la salud.

En el marco de celebración del Día Internacional de las Personas Adultas Mayores, debemos recordar que en su edad dorada son muy valiosas por su conocimiento, experiencia y sabiduría, aportes indispensables para el desarrollo de la vida familiar, comunitaria y social, aspectos que solo se adquieren con el paso de los años.

La autora es diputada.