Carlos Bejarano Cascante. 13 septiembre

Con insistencia, el dirigente sindical Albino Vargas hace alarde de que el movimiento de huelga que lidera es en representación de la clase trabajadora del país y de los menos favorecidos.

Tengo 35 años de ser funcionario público y algunos familiares cercanos también lo son. Dudo mucho de que la mayoría de los empleados públicos nos sintamos representados por Albino; no se lo hemos pedido, ni lo necesitamos, menos lo deseamos. Las manifestaciones y actuaciones del sindicalista no reflejan en lo absoluto nuestro pensamiento y sentir.

Antes que funcionarios públicos, somos costarricenses, herederos de los más elevados valores de respeto a los derechos de las personas

Descontento. Me atrevo a asegurar que la gran mayoría de los afiliados a la Anep repudia sus manifestaciones y sus poses. Gran favor recibiría la paz social del país si los trabajadores así se manifestaran.

Antes que funcionarios públicos, somos costarricenses, herederos de los más elevados valores de respeto a los derechos de las personas, respeto a las instituciones de nuestro Estado de derecho, hacia nuestros mayores, a la autoridad y, para el caso, hacia la libertad de expresión y movimiento.

Albino Vargas no me representa en lo más mínimo, por el contrario, mis derechos y los de la mayoría de los costarricenses se ven atropellados por la acciones callejeras lideradas por él y sus camaradas, dirigentes sindicales de otras instituciones públicas, cuando cierran de manera irresponsable instituciones, bloquean calles, suspenden la prestación de servicios públicos esenciales como los de salud, educación, agua, electricidad y transporte público. Con certeza, la inmensa mayoría de los costarricenses repudiamos esas acciones irresponsables.

Y como en estos tiempos ya nadie engaña a nadie, los costarricenses conocemos las verdaderas motivaciones, disfrazadas con el traje de la defensa de los derechos y conquista de los trabajadores y de los más desposeídos, que llevan a la arenga y movilización de unos pocos empleados públicos.

El autor es ingeniero.