Profesor de Artes. 5 octubre, 2018

El 17 de setiembre fue inaugurado en el Centro Cultural Costarricense Norteamericano, en San Pedro, el Festival International IWS; sin embargo, a la actividad, declarada de interés cultural nacional, le ha faltado publicidad. Con excepción de un periódico que publicó dos pequeñas notas y unas breves menciones en radio, no ha habido más, lo cual es lamentable porque es un acontecimiento de alta calidad artística internacional que pocas veces se ve en el país.

He visitado dos veces la exposición y duele encontrar las salas vacías. El pueblo y los artistas costarricenses, en especial los amantes de la acuarela, no saben de lo que se pierden.

Cuando se trabaja la acuarela de manera clásica y convencional no debe dejarse dudas en los resultados

Haré algunos comentarios de la exposición y sobre algunas acuarelas. En primer lugar, debo hablar de la obra ganadora El maestro, del tailandés Boon Kwang; me pareció extraordinaria y sin ninguna objeción; creo que el jurado acertó en el premio porque sobresale del montón, no tanto por ser retrato, porque también hay otros, sino por la manera magistral como el artista la resolvió.

Cumple con todas las condiciones y características propias de la técnica, trabajada más en seco que húmeda, pero siento que lo más espectacular de ella es la forma en que explotó el blanco del papel hasta darle el máximo protagonismo. Con ello, y el fondo oscuro, utilizando el gris de payne, creó un contraste y, a la vez, una luminosidad extraordinarios en el pelo de la cabeza del personaje que nos hace pensar en un fuerte foco de luz que viene de arriba; interesante, porque el efecto logra darle, también, al rostro propiamente, otra luz, pero de penumbra.

Creo que el artista se lo propuso así y lo hizo de manera maravillosa; por ningún lado veo que sea una de esas acuarelas que se dan por golpe de suerte o casualidad. Por lo demás, solo en algunas partes de todo ese cabello utiliza unas pocas y delicadas veladuras por aquello de los relieves, del volumen y de los planos. El color de piel tostada y llena de surcos que le dio al rostro parece aclararnos de quién se trata el personaje. ¡Bien por Boon Kwang!

Dos obras extraordinarias. Los premios dos y tres, de Mintu Dey, Barco en el río, y El grito de los cielos, de Stella Canfield, también los considero acertadísimos. Son acuarelas extraordinarias y de estilos muy diferentes a la ganadora. Vemos que los creadores se inclinaron por aprovechar la libertad de la mancha y, luego, con algunas y pocas pinceladas acertadas, alcanzaron sus objetivos. En este estilo de acuarela sí se dan mucho las casualidades en las manchas y pinceladas, pero, al final, es el artista quien las controla, las dirige y las define.

Vi la exposición, en general, de tanta calidad que siento que hay muchas que también pudieron ser premiadas por estilos y temáticas, tan extremos como el excelente realismo de Alejandro Arteaga, con Amazonas, y el inmaculado abstraccionismo de la española Tere Jordá, con Cumulus.

¿Qué hay de los acuarelistas costarricenses que nos representan? Son 12 , pero solo comentaré acerca de algunos pocos. Observé excelentes trabajos, pero algunos nos quedaron debiendo. Empecemos por Malinche, de Hannia Ruin; puedo considerarla la máxima de la simplicidad, pero no por ello carece de belleza. Me da la impresión de que fue un trabajo rápido, con poco o ningún manoseo de la mancha primaria, sin necesidad de veladuras o, si las tiene, son casi imperceptibles. Pero la acuarela tiene toda la calidad de un trabajo con manchas muy transparentes y limpias. Es una muestra de que a veces no hay necesidad de complicarse mucho con la técnica para lograr buenas obras.

Me llamó la atención la de Ana Griselda Hine, pero por otras razones. Los entrenadores de fútbol dicen que cuando un jugador tiene talento y es bueno hay que exigirle más en el campo. Ana Griselda es conocida, desde hace rato, como una de las grandes acuarelistas del país; es capaz de desarrollar, con gran maestría, cualquier tema. Le hemos visto sus extraordinarias flores y sus interiores de habitaciones, mas en esta ocasión me da la impresión de que hizo un trabajo solo para cumplir con el compromiso.

La acuarela, técnicamente y a su estilo, está muy bien lograda, pero pienso que para una exposición internacional debió presentar un trabajo superior para no ser una acuarela más.

Fallo. ¿Qué pasó con Juan Carlos Camacho? Este acuarelista tiene un nombre de prestigio en el medio; son conocidas sus excelentes obras, pero, lamentablemente, debo decir que en esta ocasión falló porque su trabajo presenta dudas de limpieza y transparencias en las manchas, y da la sensación de mucho manoseo, lo cual es riesgoso porque la acuarela puede perder frescura, brillantez y calidad.

El poblado rural lleno de elementos arquitectónicos rodeados de mucha naturaleza posiblemente se le complicó y lo que hizo que repintara insistentemente ciertos puntos que le disminuyeron la calidad a la acuarela. También encuentro manchas donde siento que abusó de sobreponer claros sobre oscuros.

Cuando se trabaja la acuarela de manera clásica y convencional no debe dejarse dudas en los resultados; y cuando las hay, lo mejor es repetir el trabajo hasta lograr la obra correcta.

La exposición en general es de muy alta calidad en la técnica. Me agradó la idea de un solo tamaño porque esto le da un aire de orden y continuidad a la exposición, y, más aún, cuando las acuarelas son expuestas en orden temático. La exposición estará hasta el 16 octubre y vale la pena ir a verla, pues muestras de tal calibre no siempre están al alcance de los costarricenses.

El autor es profesor de Artes.