17 septiembre, 2007

Do you speak English? El trabajador que tenga dificultades para comprender o –peor aún– responder afirmativamente esta pregunta, debe poner mucha atención. Porque le podría estar sucediendo lo mismo que a la gran mayoría de los estudiantes costarricenses al graduarse de secundaria, particularmente de los colegios públicos. El gran problema del sistema educativo en este aspecto fundamental es que los colegiales se gradúan como meros ‘principiantes’ al cabo de un apreciable, pero insuficiente, número de horas dedicadas a aprender inglés. Es duro reconocerlo. Pero es la realidad actual.

Las estadísticas oficiales son preocupantes: solo el 3% de los colegios públicos enseña niveles altos de inglés; apenas un 14% de estudiantes de preescolar logra recibir 30 minutos diarios de ese idioma; los escolares reciben una lección de 40 minutos diariamente, pero los alumnos de segunda enseñanza solo reciben 3 lecciones semanales. En cambio, en los colegios bilingües experimentales, que representan solo un 17% del total, ofrecen 10 horas semanales y algunas materias se imparten directamente en inglés. En los demás colegios, el nivel que exhiben los profesores es bajo, algunos ni siquiera son graduados (solo el 47% de los aspirantes para un puesto en propiedad aprobaron el examen) y en su mayoría se oponen a rendir pruebas para comprobar su suficiencia. Hay carencia de equipos audiovisuales y material didáctico, y las bibliotecas –cuando existen– están muy mal surtidas. Si fuéramos a calificar la enseñanza del inglés en el Ministerio de Educación, tendríamos que asignarle mala nota.

En un mundo globalizado, donde la competencia por los mejores empleos y salarios es cada vez mayor, no dominar ese idioma es una carencia sensible. Porque el inglés –quiérase o no– se ha convertido en la lengua universal de trabajo y relaciones comerciales. Algunas empresas extranjeras radicadas en Costa Rica tratan de remediar esa deficiencia entrenando a sus empleados, como Sykes, Intel y Procter & Gamble. Pero eso no es suficiente. Dos de cada 10 solicitudes de trabajo son rechazadas por insuficiencia del inglés. Quienes no pueden comunicarse fluidamente en esa lengua están compelidos a aislarse o aspirar a trabajos de menor calidad. La insuficiente enseñanza del inglés afecta la oferta de trabajo ante una demanda más exigente. Y eso incide en la economía del país.

Desde el punto de vista económico, el dominio del inglés está en el corazón de la productividad. Cuanto más calificados sean los trabajadores, más alto será su rendimiento y mayor su contribución al crecimiento de la producción. La productividad se mide por la producción nacional (PIB) entre el número de trabajadores. Cualquier país puede producir más por hora laborada sin incrementar la fuerza de trabajo si los trabajadores rinden más en la jornada laboral. Y, en eso, el dominio del inglés juega un papel muy importante. Si los trabajadores produjeran más gracias a un mejor dominio del idioma extranjero, ganarían más. Pero, además, mayores serían sus posibilidades de ascenso social y la cohesión de la sociedad en que viven.

El dominio del inglés es útil en todos los niveles. En los puestos gerenciales es requisito indispensable. No solo requieren poder comunicarse fluidamente con los negociadores comerciales en otros países, sino efectuar transacciones, elaborar documentos, procesar información y poder acceder a la literatura extranjera, indispensable en el proceso permanente de capacitación. Pero el inglés es también indispensable en mandos medios y de menor jerarquía en que las comunicaciones son, quizás, menos intensas pero necesarias para seguir instrucciones, interpretar manuales técnicos, atender llamadas y realizar operaciones frecuentes. Un oficinista, por ejemplo, o un contador, mesero, bar tender o técnico adquiere una ventaja competitiva si es bilingüe.

Hay otras fuentes de trabajo que no se han explotado suficientemente y, quizás, a muchos ni les pasa por la mente. Aunque el dominio del inglés mejora las oportunidades salariales internamente en el país, esas mismas diferencias abren –o cierran– grandes oportunidades en relación con los novedosos servicios externos denominados outsourcing . La India, por ejemplo, se convirtió en una gran fuente de trabajo eficiente y de menor costo para las grandes empresas americanas y europeas urgidas de mano de obra calificada, pero con dominio del inglés. A esas empresas les resulta más beneficioso utilizar la abundante fuerza laboral hindú porque los niveles salariales son comparativamente menores, pero similares en productividad. Ya no hace falta importar trabajadores calificados ni exportar mano de obra necesaria para el desarrollo, pues los mismos objetivos se logran sin los inconvenientes de migración. Si Costa Rica dinamizara la educación del inglés podría lograr objetivos similares y multiplicar las fuentes de empleo. Desafortunadamente, las baterías de la enseñanza están muy bajas. El Ministerio de Educación tendrá que hacer un esfuerzo mucho más allá de obtener más recursos. Se impone una reforma estructural de la enseñanza del inglés para salir adelante.