Jorge Guardia. 3 diciembre, 2018

Dos sabios refranes describen el giro económico y político que empiezo a notar en Costa Rica: Después de la tempestad, viene la calma; el otro: Nunca se pone tan oscuro que cuando va a amanecer.

La hora más oscura del desespero llegó cuando convergieron en un solo haz varias cartas funestas jugadas al azar

El primero es español, transmitido por siglos; el segundo se le atribuye al inglés Thomas Fuller (1608-1666), pero aquí lo popularizó elocuentemente Isaac Felipe Azofeifa: “De veras, hijo, ya todas las estrellas han partido, pero nunca se pone más oscuro que cuando va a amanecer”. Don Quijote también dijo a su escudero: “Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todas son sentencias sacadas de la misma experiencia, madre de las ciencias todas”.

La hora más oscura del desespero llegó cuando convergieron en un solo haz varias cartas funestas jugadas al azar: hoyo fiscal, pagar deudas sin respaldo legal, larguísima huelga pobremente manejada por Educación, liberar el tipo de cambio en el peor momento e insinuar que llegaría a ¢3.000, intervenir con timidez y a destiempo, aflojar letras del tesoro y recontar la crisis de 1980 con efectos contrapuestos: indujo a la Asamblea y a la Sala IV a pasar el plan fiscal, pero asustó a la gente y esta se lanzó con avidez sobre el dólar.

Empero, ya la tempestad sicológica cedió. Empiezo a percibir un cambio esperanzador. El primer paso lo dio el BCCR en octubre al decidir abrir la sesión del Monex ofreciendo $100 millones a un precio a la baja (dije a mis colegas en Ecoanálisis que, por fin, se había iluminado), al día siguiente hizo lo mismo y, al tercer día, el tipo de cambio, que había subido más de lo debido por especulación, comenzó a bajar y a mermar la intervención y pérdida de reservas (resolución tardía, pero buena, como en mayo-junio del 2017); el segundo fue cuando Carlos Alvarado se amarró los pantalones ante los sindicatos e instó al Congreso a aprobar el plan fiscal; tercero, la Sala IV le dio luz verde (yo habría excluido al Poder Judicial); finalmente, cuando la oposición responsable prometió el segundo debate.

Vamos bien. La tarea está inconclusa, obviamente, pero vamos bien. Mi paso por el Banco Central y mi experiencia de muchos años en el FMI me dicen que, tras la oscuridad, tres deben ser los pasos para acelerar el amanecer: generar y mantener confianza (clave para deshumedecer la pólvora de la inversión privada), dejar que los macroprecios se ubiquen en niveles sostenibles para respirar estabilidad y abrir espacio a la inversión pública. Es mi humilde y sincera opinión.