22 junio

Enrique Egloff, presidente de la Cámara de Industrias de Costa Rica, insiste, en nombre de los afiliados a la organización empresarial, en que las tarifas eléctricas restan competitividad a la producción nacional. “Son caras”, dice, quizá sin sospechar la insatisfacción del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) con los precios vigentes.

Para la empresa estatal, la explicación de su desequilibrio financiero es la falta de ajustes tarifarios. Si la electricidad fuera más cara, el ICE habría evitado pasar de una ganancia de ¢30.337 millones, en el 2016, a pérdidas de ¢51.706 millones en el 2017, pero la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos no le reconoció la totalidad de la inversión en los proyectos hidroeléctricos de Reventazón y Balsa Inferior, así como otros gastos.

Claro está, el proyecto del Reventazón terminó costando $1.567 millones de dólares, es decir, $810 millones más de la estimación oficial hecha en el 2008. Al final, la inversión fue el doble de lo calculado, siempre en dólares, ocho años antes de finalizada la obra. La inflación del periodo no explica las diferencias. Hubo errores de diseño o presupuesto. La planta nunca ha operado a plena capacidad por problemas estructurales que, según el ICE, quedarán superados el mes entrante.

El proyecto de Balsa Inferior es otra historia. El costo previsto en el 2008 fue de $94 millones pero, cuando comenzó a operar, había costado cuatro veces más, un total de $361 millones. La planta la desarrolló la subsidiaria Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL), también autora del Parque Valle Central, la planta eólica instalada en Santa Ana que pasó de $21 millones a $54 millones.

La empresa privada paga semejantes errores de cálculo, diseño o presupuesto con la quiebra, salvo una capitalización a cargo de los accionistas o un financiamiento de emergencia. En el ICE o la Compañía Nacional de Fuerza y Luz, todo se reduce a un problema de tarifas. El mercado cautivo está obligado a restablecer el equilibrio financiero o arriesgarse a sufrir una interrupción del suministro. Si ese es el remedio, Egloff podría tener razón.

Para evitar problemas, Fuerza y Luz propuso, en abril del año pasado, un aumento de un 41 % en la electricidad, ejecutado a lo largo de los siguientes nueve meses. Las tarifas, debe entender el presidente de los industriales, lo resuelven todo. Los empresarios podrían contribuir trasladando el costo a sus clientes, pero se estrellan con el problema de la competitividad.

A diferencia del ICE y la CNFL, los industriales y otros empresarios compiten con sus pares en el extranjero. No tienen mercados cautivos y sí consumidores capaces de cambiar decisiones de compra por asuntos tan banales para el ICE y la CNFL como un abrupto aumento en el precio de sus productos.

Pensándolo bien, Egloff tiene razón cuando compara las tarifas nacionales para la industria con las de países competidores y señala, con alarma, que en los últimos 10 años la evolución ha sido muy dispar. En Estados Unidos, los recibos subieron un 10 % y en Europa bajaron un 1 %. En Costa Rica, el alza fue del 94 %, aunque la empresa estatal eche de menos aumentos mayores, indispensables para equilibrar sus finanzas.

Según la Contraloría General de la República, el ICE es la entidad con más endeudamiento en el sector público no financiero. El pasivo de la entidad representa el 83 % de las deudas de ese sector. Las obligaciones crecieron, fundamentalmente, por las inversiones en el negocio eléctrico que no siguieron las proyecciones iniciales. La presión sobre las tarifas no es de extrañar. Tampoco la protesta de los usuarios.