Editorial

Problema humanitario

En nuestro país, los coyotes, como se conoce a los traficantes, encadenan y amenazan con armas a sus víctimas para asegurarse el pago

El horrendo rostro del tráfico de migrantes se retrata, cada vez con más claridad. Un golpe policial a las bandas reveló el río de cubanos procedentes del sur con rumbo a los Estados Unidos a través del territorio nacional. Luego, se divulgó la sorprendente noticia del tráfico de africanos. Ahora, sabemos mucho más sobre la explotación y maltrato del crimen organizado, en suelo nacional, contra seres humanos con la simple aspiración de forjarse un futuro mejor.

Los coyotes, como se conoce a los traficantes, encadenan y amenazan con armas a sus víctimas para asegurarse el pago cuando las entregan a sus contrapartes nicaragüenses en la frontera norte. Los peligros del largo trayecto hasta los Estados Unidos no son secretos. Ha habido asesinatos masivos, muertes causadas por las condiciones insalubres del viaje y violaciones, pero todo eso sucede en otros países, o eso creíamos.

Ahora sabemos que el paso por Costa Rica tampoco es pacífico y ese conocimiento refuerza la necesidad de intensificar la lucha contra el tráfico de personas, ya no por los problemas migratorios, sino por razones imperiosamente humanitarias. Los migrantes, siempre personas con grandes necesidades económicas, pagan entre $7.000 y $30.000 por el transporte ilícito. Los marcan con pintura para reconocerlos y están completamente a expensas de los criminales.

Las redes no podrían operar sin la complicidad de autoridades en varios países de paso. Una buena medida inicial para combatir el tráfico es asegurarnos de que ese no sea el caso en Costa Rica. Vigilar a los vigilantes es siempre indispensable cuando hay tanto dinero de por medio, sea para el tráfico de humanos, drogas, efectivo o cualquier otra cosa.

También es necesario establecer vínculos de cooperación con autoridades de países de toda la región, no solo los fronterizos. El delito es transnacional por naturaleza y no hay más remedio que procurar el mayor grado de colaboración posible, pese a las dificultades evidentes, sobre todo en la frontera norte.

Mauricio Boraschi, jefe de la Fiscalía contra la Trata de Personas y el Tráfico Ilícito de Migrantes, reveló detalles de las actividades desplegadas por dos detenidos el martes en Peñas Blancas y Paso Canoas, precisamente en el marco de una acción policial internacional con participación de Honduras, Guatemala, Panamá y El Salvador. En eso países, hubo otras 23 capturas, incluido el líder de la banda. Seis sospechosos de pertenecer al grupo habían sido apresados con anterioridad en suelo costarricense.

Los migrantes trasegados por la banda volaban de Dubái a Brasil y pasaban ilegalmente por Colombia, Panamá, Costa Rica y los demás países hasta llegar a los Estados Unidos. En México, dijo Boraschi, se les aprovechaba también para trasegar drogas hasta su lugar de destino. Según la Policía, esa fue la suerte de decenas de migrantes traficados cada día por la organización criminal internacional desarticulada luego de ocho meses de investigaciones.

Pese a la satisfacción de desarticular una banda de importantes dimensiones, Boraschi advirtió que hay muchas otras. No lo duda por la cantidad de migrantes traficados y las generosas ganancias del negocio ilícito. La Dirección de Migración calcula entre cuarenta y cien el número de migrantes trasegados a diario por la frontera sur y la Organización Internacional de las Migraciones cree que unos 20.000 africanos están en tránsito hacia América del Norte.

La tragedia de la migración ilícita es enorme. Los coyotes, carentes de escrúpulos, la magnifican hasta hacerla absolutamente intolerable. Nuestro país debe actuar con rapidez y eficacia en salvaguarda de su compromiso con los derechos humanos.