23 abril

Uno de los valiosos ejercicios que, al amparo del artículo IV de su convenio constitutivo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) efectúa periódicamente en los países miembros, consiste en una prueba de resistencia de los entes financieros ante situaciones adversas, de tensión económico-financiera. El propósito es analizar cuán fuerte es el capital de los bancos y otros entes financieros para aguantar golpes severos. Los supuestos típicos suelen incluir bajas significativas en la actividad económica del país, aumentos considerables de las tasas de interés y del tipo de cambio, los cuales normalmente suponen aumentos en la morosidad prevista y baja en las utilidades de los intermediarios.

Como una baja de las utilidades podría ser de tal magnitud que lleve a pérdidas y se comería parte del patrimonio de los intermediarios, el propósito final del ejercicio es determinar si el índice de suficiencia patrimonial (capital respecto a los activos ponderados por riesgo) se ubica por debajo del mínimo reglamentario, que en Costa Rica es del 10 %. Si tal es el caso, es señal de que, frente a un choque severo, los bancos tendrían que elevar su capitalización.

Las pruebas llevadas a cabo por el FMI concluyeron que, en general, el sistema bancario costarricense soportaría un golpe severo, como el utilizado en el ejercicio, y solo unos bancos pequeños necesitarían aumentar su capital o reducir algunos activos que acarrean riesgo. “El sector bancario (costarricense) en general mantiene un índice de adecuación de capital (ACR) post-shock del 12 %”, señaló el FMI (“Sistema bancario local soportaría golpe severo, según pruebas del FMI”, La Nación, 22/4/2019).

Se trata, sin duda, de una buena noticia, pues de acuerdo con la evidencia internacional los problemas posibles de enfrentar el sistema bancario de un país, rápidamente, como bola de nieve, se trasladan a la economía como un todo. En efecto, si un golpe externo lesionara los índices de suficiencia patrimonial bancarios y estos no pudieran incrementar su capital rápidamente, los obligaría a recortar el crédito, lo cual afectaría a muchas empresas.

Pero, como señaló el jerarca de la Superintendencia General de Entidades Financieras, Bernardo Alfaro, es reconfortante que la mayoría de los bancos costarricenses haya aprobado el examen del FMI, y solo un grupo de bancos pequeños (cuyos activos no sobrepasan el 14 % del total del sector), que no presentan riesgo sistémico, pudieran necesitar aumentos de capital.

Conviene tener presente que la solidez del sistema no solo se mide por la capacidad que tengan los propietarios de entidades financieras para hacer aportes de capital, en nuestro caso no solo accionistas privados y el Estado, también cuenta la capacidad de los respectivos entes para generar utilidades año tras año. Las utilidades son el primer colchón de seguridad para los depositantes y, por tanto, no es aconsejable limitarlas innecesariamente. La alta dirección de los bancos debe, constantemente, asegurarse de que estos mantienen ingresos y costos (de administración, morosidad, etc.) en niveles razonables, que lleven a la generación de utilidades.

Además, la buena administración bancaria exige cumplir la normativa estándar en materia de conocimiento de sus clientes y antilavado de activos.

Por último, como parte fundamental de las inversiones de los intermediarios financieros de un país la conforman títulos de deuda de los respectivos gobiernos, como es el caso en Costa Rica, el buen manejo fiscal es condición esencial para garantizar la solidez del sistema financiero doméstico. Una razón más para insistir en la necesidad de dar solución definitiva al problema del déficit fiscal.