23 agosto

La reactivación de la economía del país, cuyos resultados positivos son la creación de más fuentes de empleo y la reducción de la pobreza, es bienvenida en todo momento. Pero lo es, particularmente, en la actualidad, pues contribuye no solo a reducir el endeudamiento público, sino también el altísimo déficit fiscal. Por ser el endeudamiento la relación que la deuda pública mantiene respecto al tamaño de la economía —medida por el producto interno bruto (PIB)—, a mayor tasa de crecimiento del denominador, menor será el endeudamiento. Países como Grecia y Venezuela, que en algunos años han experimentado caídas sensibles del PIB, vieron crecer a niveles críticos su endeudamiento.

El alto crecimiento económico también está acompañado de mayor recaudación fiscal, entre otras razones, porque los niveles de consumo del país (que aportan impuestos como el de ventas o al valor agregado) se elevan; también, porque mayores remuneraciones por concepto de salarios y superiores utilidades empresariales aparejan mayor recaudación del impuesto sobre la renta.

Dado que el alto crecimiento económico genera un círculo virtuoso en los países donde lo experimentan, el ajuste fiscal que la Asamblea Legislativa tiene en estudio debe ser de “alta calidad”

El ideal en política fiscal es que la economía del país crezca a una velocidad superior a la tasa de interés que paga sobre la deuda pública. Otras cosas iguales, cuando tal es el caso, el endeudamiento también bajará año con año. Como premio, los inversionistas están cada vez más dispuestos a aceptar menores primas de riesgo para adquirir deuda soberana (bonos del Gobierno), pues la probabilidad de impago es cada vez menor. Lo anterior libera recursos presupuestarios para satisfacer otras necesidades sociales.

Dado que el alto crecimiento económico genera un círculo virtuoso en los países donde lo experimentan, el ajuste fiscal que la Asamblea Legislativa tiene en estudio debe ser de “alta calidad”, para que no atente contra el crecimiento económico del país. Investigaciones empíricas llevadas a cabo por entes financieros multilaterales han concluido que los ajustes fiscales que más favorecen el crecimiento son los que se centran en el control y la racionalización del gasto público, no los que simplemente aumentan la carga tributaria. El control del gasto debe, a su vez, concentrarse en el de consumo, no en el de capital. Este no debe sacrificarse, pues lesionaría las perspectivas de crecimiento. Los llamados gastos de capital, en infraestructura y otro tipo de obra física, contribuyen al crecimiento en el momento cuando se dan y, sobre todo, al entrar las obras en operación.

Por ello, los representantes del sector privado deben abocarse a identificar los principales cuellos de botella y obstáculos que limitan en la actualidad el crecimiento económico —por ejemplo, débil infraestructura física, exceso de normativa y trámites, costo y acceso al crédito, etc.— y coordinar con las autoridades lo relativo a la mejor forma de removerlos eficientemente, en el bien entendido, claro está, de que esas medidas no incorporarán indebidos subsidios que afectarán el presupuesto nacional o el bolsillo de los ciudadanos. Pero muchos obstáculos, en particular de naturaleza administrativa, pueden ser eliminados sin costo fiscal alguno. La concesión de obra pública al sector privado, que si es bien estructurada promueve la construcción y administración de obras de infraestructura sin afectar en lo mínimo los presupuestos públicos, es otro esquema que corresponde activar cuanto antes.

La administración Alvarado nombró, con rango de ministro, a un distinguido empresario para coordinar la labor del gobierno con el sector privado y tener, así, de primera mano, un inventario de tareas y reformas por emprender. Esperamos ver pronto los frutos de esa instancia de coordinación cuyas sugerencias y planes concretos de acción han de ser hechos del conocimiento público.