Editorial

Editorial: Previsión legal necesaria

Los diputados discuten la eliminación de la potestad de imponer restricciones a la circulación por motivos sanitarios, aunque el gobierno anuncia el próximo levantamiento de las medidas. Expertos de todo el mundo advierten sobre la posibilidad de nuevas pandemias y aunque no quisiéramos imaginarlo, sería irresponsable desperdiciar lo aprendido con tanto sacrificio

La tasa de contagio de la covid-19 retrocede y las autoridades esperan constatar la misma tendencia en las hospitalizaciones para levantar las restricciones sanitarias. Nadie las echará de menos. Fueron un mal necesario durante demasiado tiempo. El sacrificio económico impuesto por el distanciamiento y la movilidad restringida es inmenso y sus consecuencias se harán sentir por años.

Todos lo sufrimos y lo lamentamos, pero el dolor no debe eclipsar el éxito de las medidas. Cumplieron el propósito de reducir hospitalizaciones, mantener la capacidad de atención de las unidades de cuidados intensivos y salvar vidas. Sin la oportuna adopción de las restricciones, Costa Rica habría llorado a miles de ciudadanos más, como lo hicieron naciones ricas y avanzadas.

La intensa campaña de vacunación y el surgimiento de la variante ómicron, inicialmente temida por su capacidad de contagio y hoy vista como el mal menor, nos acercan al levantamiento de las restricciones y, posiblemente, una nueva etapa en que aprenderemos a convivir con el virus como lo hacemos con la influenza.

No obstante, expertos de todo el mundo advierten sobre la posibilidad de nuevas pandemias y aunque no quisiéramos imaginarlo, sería irresponsable desperdiciar lo aprendido a costas de tanto sacrificio y sufrimiento. La comunidad científica internacional y los gobiernos de todo el planeta se resisten a hacerlo. En todo el orbe hay programas de preparación, alerta temprana y reacción inmediata, así como fortalecimiento de la investigación y la capacidad industrial de producción de medicinas y otros insumos.

Economías más modestas, como la nuestra, no están exentas de pensar en el fortalecimiento de sus defensas. Por eso coincidimos con el presidente Carlos Alvarado en la conveniencia de preservar el andamiaje legal creado con premura para enfrentar la covid-19, incluida la capacidad de decretar restricciones a la circulación vehicular.

Los diputados examinan la posibilidad de eliminar la potestad, aunque el gobierno anuncia el próximo levantamiento de las medidas y, si todo evoluciona como esperamos, no se verá obligado a volver a aplicarlas en los últimos meses del mandato. Alvarado habla de preservar la herramienta para futuras pandemias y futuras administraciones.

La covid-19, como bien dijo, demostró la falta de adecuación de nuestras leyes de emergencia a amenazas sanitarias inesperadas. La legislación vigente está pensada para enfrentar inundaciones y terremotos, pero no una pandemia, inédita en el mundo desde la gripe española de 1918. Por eso fue necesaria la acelerada aprobación de normas específicas el 3 de abril del 2020.

Según los proponentes, la eliminación de la facultad de imponer restricciones a la circulación permitirá «la recuperación de las micro, pequeñas y medianas empresas que han cerrado sus puertas por las consecuencias de las medidas restrictivas». Esa recuperación, deseada por todos, no depende de la existencia de la norma sino de su aplicación. Entre la previsión legal, para el caso de una emergencia, y la implantación de medidas restrictivas existe un largo trecho. La Constitución prevé hasta la potestad de suspender garantías, pero nadie la ejerce con ligereza.

Es igualmente difícil imaginar un gobierno capaz de abusar de las restricciones a la circulación o una sociedad costarricense dispuesta a aceptar el abuso. Medidas tan extremas siempre causarán daño a la economía y molestias a los ciudadanos. Con eso basta para entender que no están sujetas al mero capricho.

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