10 agosto

Basados en una serie de argumentos débiles y sin sustento, y en una preocupante ignorancia y desdén sobre la trascendencia de la libertad de expresión, la independencia de la prensa y la naturaleza misma del quehacer universitario, 19 decanos y directores de carreras han solicitado al Consejo de la Universidad de Costa Rica, aunque sin decirlo abiertamente, que no renueve el nombramiento del actual director del Semanario Universidad, Ernesto Rivera Casasola, cuyo período en el cargo vence el 19 de este mes.

Se trata de un documento inédito, por peligroso, en la historia de la institución. Debe encender todas las alarmas dentro y fuera de ella, no solo por su contenido y propósito, sino porque, en el fondo, tiene todos los visos de un ajuste de cuentas con un director y un medio que han realizado publicaciones molestas o comprometedoras para algunos de quienes lo suscriben.

Rechazamos y censuramos con toda energía los intentos, no importa cuán velados pretendan ser, por despojarlo de su independencia de criterio, encerrarlo en un modelo acartonado, estrecho y dócil de periodismo, convertirlo en faja de transmisión de visiones sesgadas de la realidad universitaria y nacional, y sacar del camino a su director.

Los firmantes de la carta alegan estar “preocupados por el rumbo del periódico”, pero no precisan en qué consiste esa orientación que tanto parece inquietarlos, y ni siquiera dan un ejemplo para sustentarla. Solicitan que el medio “retome el rumbo humanista, sensible a la realidad nacional, y, sobre todo, defensor de la acción universitaria”, pero no dicen cuándo sí lo tuvo, ni por qué lo ha perdido. Más bien, olvidan que, durante sus casi cinco décadas de existencia, la publicación generalmente se ha debatido entre la irrelevancia y el sectarismo, sin asomo alguno de los ideales que los firmantes tanto dicen anhelar. Al contrario, es durante los últimos años que el semanario ha recibido un mayor impulso de profesionalismo, ha impactado más en la agenda pública con base en la investigación, ha expuesto vicios o conductas impropias que debilitan a la UCR, se ha abierto a opiniones más diversas y no ha dejado de exponer los logros de la institución.

Los 19 declaran su adhesión a una serie de valores que encarna la universidad, entre ellos el “respeto a las personas y la libertad de expresión”. Sin embargo, en su carta plantean una “hoja de ruta” para el semanario que, por su carácter minuciosamente taxativo y excluyente, es un intento de limitar su independencia, la autonomía decisoria de quien lo dirija y el margen para las iniciativas y acciones de sus periodistas. Y cuando se refieren a las cualidades que debería tener el director o la directora, en ninguna parte se menciona que sea periodista o comunicador o comunicadora, pero sí “funcionario”, lo cual revela un añejo sesgo burocrático y un desdén por la condición del periodismo y la comunicación como disciplinas universitarias.

Desde La Nación, hemos tenido serias discrepancias con el Semanario Universidad. Hay aspectos de su agenda que no compartimos y enfoques periodísticos que no consideramos los más adecuados. Sin embargo, nada de esto impide que reconozcamos sus avances, que en más de una oportunidad hayamos hecho eco (con la debida atribución) de sus informaciones y, sobre todo, que rechacemos y censuremos con toda energía los intentos, no importa cuán velados pretendan ser, por despojarlo de su independencia de criterio, encerrarlo en un modelo acartonado, estrecho y dócil de periodismo, convertirlo en faja de transmisión de visiones sesgadas de la realidad universitaria y nacional, y sacar del camino a su director.

Así como lamentamos y censuramos la petición de los 19 funcionarios académicos de la UCR, celebramos que el rector, Henning Jensen, le haya salido al paso, aunque sin citarla, con una declaración en que defiende, sin adjetivos, “la libertad de expresión, de prensa y de cátedra”, y advierte, con toda razón, lo siguiente: “La universidad como institución se lesionaría a sí misma si pretendiera fijar el rumbo o limitar los alcances del periodismo crítico”.

Lamentamos la actitud ambigua de un grupo de profesores de la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva, firmantes de otro texto, quienes no parecen entender lo que está en juego. A la vez, sin embargo, reconocemos el pronunciamiento, mucho más lúcido y claro, de su asociación de estudiantes. En él condenan “este acto”. Al referirse a la carta de los 19, destacan que el “rumbo humanista” y sensible a la realidad nacional del semanario se ha reforzado durante la dirección de Rivera y piden al Consejo Universitario, al decidir sobre el cargo, no tomar en cuenta “los intereses y caprichos de un grupo de altos funcionarios de la UCR”.

El rector y los estudiantes son quienes mejor han marcado el rumbo. Confiamos en que el Consejo los escuche con toda atención.