El escaso éxito de la comunicación electrónica unilateral y sus inaceptables consecuencias para la democracia no le han impedido al candidato Fabricio Alvarado, de Restauración Nacional, hacer un nuevo intento, reforzado por inéditas barreras a la labor de la prensa. Por ironía, el aspirante presidencial es también periodista.

 14 febrero

El uso de las redes sociales para la comunicación política unilateral, sin enfrentar preguntas de la prensa, fracasó en el reciente proceso electoral. Un precandidato incluso pretendió formularse los cuestionamientos a sí mismo. Reconocía haber sido objeto de calificativos insultantes y, luego, reaccionaba ante ellos sin intervención de nadie más, no fuera que un periodista preguntara cómo se ganó los improperios.

Ya en campaña, un candidato intentó lo mismo, con otro mensaje. Sin embargo, las lecciones del proceso electoral estadounidense alertan contra la reproducción acrítica de la comunicación política unilateral y la prensa no se limitó a eso. La candidatura fracasó, como antes había fracasado el precandidato del insulto a sí mismo (sin ánimo de parafrasear a Whitman).

Un parlamentario silenciado es una contradicción insalvable, tanto como la de un candidato periodista empeñado en rehuir a los medios de comunicación

La estrategia también fue ensayada, esporádicamente y con poco éxito, por la Casa Presidencial. Los practicantes del discurso en una sola vía procuran presentarlo como un ejercicio democrático de comunicación directa. Es todo lo contrario. La supresión del cuestionamiento es propia del autoritarismo. Forma parte de su esencia. Si la prensa y la población lo aceptan, sufrirán menoscabo el desarrollo democrático, la transparencia y la rendición de cuentas.

El escaso éxito de la comunicación electrónica unilateral y sus inaceptables consecuencias para la democracia no le han impedido al candidato Fabricio Alvarado, de Restauración Nacional, hacer un nuevo intento, reforzado por inéditas barreras a la labor de la prensa. Por ironía, el aspirante presidencial es también periodista.

Hace pocos días comenzó a emitir opiniones en Facebook sobre temas controversiales, como la consideración merecida por la comunidad gay. El candidato pide respeto y asegura su intención de no permitir abusos contra esa minoría, pero no se arriesga a responder preguntas.

La comunicación sin cuestionamientos se complementa con la incomunicación de los diputados electos de Restauración Nacional, una bancada de 14 miembros a la cual se le solicitó dejar de hablar con la prensa después de una reveladora entrevista donde una de las legisladoras demostró su desconocimiento de básicos problemas del país. Un parlamentario silenciado es una contradicción insalvable, tanto como la de un candidato periodista empeñado en rehuir a los medios de comunicación.

El remate de las medidas aislacionistas de Fabricio Alvarado es un formulario electrónico para solicitar entrevistas y someter preguntas. La campaña de Restauración Nacional pretende que los informadores llenen los espacios en blanco y sometan sus preguntas por adelantado.

Los periodistas de este diario ignorarán la exigencia y siempre preferirán no consignar respuestas de don Fabricio o de cualquier otro candidato que emplee recursos semejantes si las declaraciones no pueden ser obtenidas por otros medios y con libertad de preguntar y repreguntar. En cuanto a la comunicación unilateral, utilizaremos como insumo lo que juzguemos relevante, pero no lo reproduciremos sin sentido crítico.

Ojalá la conferencia de prensa convocada ayer por don Fabricio indique un propósito de reflexión y enmienda. El candidato se presentó frente a los periodistas para conversar sobre los resultados de los últimos estudios de opinión y respondió preguntas sobre otras materias, incluyendo las barreras impuestas a la prensa, que él describe como intentos de ordenar la relación con los medios de comunicación.