4 octubre, 2019

Las estadísticas de empleo y desempleo no son siempre fáciles de entender. Por un lado, de acuerdo con la Encuesta Continua de Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), la tasa de desempleo en el primer trimestre del año se ubicó por encima del 11 % de la población económicamente activa. Es decir, 276.000 personas buscaron trabajo y no lo encontraron. Sin embargo, la población ocupada, 2,1 millones, fue superior en 167.000 a la del mismo período del 2018. Esta aparente contradicción se explica porque la participación laboral entre las personas con edad de trabajar aumentó significativamente durante el último año.

Si la oferta de trabajadores agrícolas costarricenses ya no es la necesaria, como antes, es preciso pensar en la mecanización intensiva, cuando sea posible, y en una política migratoria flexible.

Además, según documenta el INEC, el empleo informal —personas asalariadas no inscritas en la seguridad social por patronos, ayudantes no remunerados, trabajadores por cuenta propia y empleadores de empresas no constituidas en sociedades— es numeroso. Son cerca de un millón de personas en esa condición. Aun así, algunos sectores económicos, como el agrícola, enfrentan penurias para hallar trabajadores.

En efecto, como recién informamos, el sector de la economía dedicado al cultivo de café, caña de azúcar, melón y teca enfrenta problemas para encontrar recolectores de la producción y cortadores de madera pues, de unas 40.000 personas necesarias para llevar a cabo esas labores, solo 485 se registraron en las oficinas del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), organizadas para anotar a los interesados, en San Carlos, Liberia, Grecia, Pérez Zeledón, Puriscal, Siquirres, Esparza y Cartago.

Mucho trabajo, pero pocos trabajadores. El problema de oferta insuficiente tendría su origen en que el MAG no hizo el anuncio de forma adecuada. En ese caso, es conveniente una mejor divulgación de las necesidades de mano de obra, los lugares y requisitos para registrarse. Pero, parece más probable que las labores de recolección agrícola ya no resulten atractivas para los costarricenses, más inclinados a trabajar en ocupaciones menos sacrificadas.

En la década de los cincuenta, por ejemplo, los jóvenes veían con muy buenos ojos la posibilidad de trabajar como recolectores en los cafetales cercanos a sus viviendas. Emprendían la tarea con entusiasmo y obtenían ingresos para satisfacer muchas de sus necesidades y las de sus familias. Sin embargo, ese ya no es el caso, y la recolección agrícola depende, en mucho, de trabajadores extranjeros. Para la cosecha de café de este año, se calculan casi 34.000 puestos de trabajo por llenar, mas la oferta recibida en las oficinas del MAG no llegó a 180 personas.

Los agricultores deben recoger la producción y, para ello, será necesario abrir las fronteras con el fin de atraer peones extranjeros, especialmente, de Nicaragua y Panamá, aunque solo ingresen por periodos cortos para desempeñarse en labores estacionales. El pago de sus esfuerzos debe reconocerles la relativa escasez de la oferta.

No hay nada malo en que nuestros jóvenes aspiren a desempeñarse en cargos con uso intensivo de las tecnologías de comunicación e información (TIC). Más oportunidades laborales tendrán conforme los conocimientos adquiridos en las aulas mantengan un mejor equilibrio entre la teoría y la práctica. No obstante, si la oferta de trabajadores agrícolas costarricenses ya no es la necesaria, como antes, es preciso pensar en la mecanización intensiva, cuando sea posible, y en una política migratoria flexible, que incluya garantizar el justo reconocimiento de los derechos laborales a la mano de obra extranjera.