Editorial

Editorial: Misterios de la Caja

No hay una recopilación continua de datos sobre el estado de vacunación de pacientes internados con covid-19 y la Caja tardará semanas en informar al país de la estadística.

La falta de transparencia de la Caja Costarricense de Seguro Social quedó de manifiesto a lo largo de los escándalos de proveeduría surgidos en los primeros meses de la pandemia. Las confusiones, omisiones y distorsiones eran de esperar. Tenían el propósito de encubrir graves falencias. Menos comprensible es la extensión de esos mecanismos de control de la información a la difusión de datos necesarios para proteger la salud pública.

La prensa mundial está llena de estadísticas ilustrativas del efecto de la vacunación contra la covid-19. El esquema completo evita la enfermedad grave, la hospitalización y la muerte. Las excepciones son raras y ocurren en personas con deficiencias inmunitarias o condiciones de riesgo preexistentes, pero aun ellas tienen mejores probabilidades de salir adelante.

Así, lo demuestran las estadísticas hospitalarias y la moraleja es la conveniencia de vacunarse. En Costa Rica, «La Nación» intenta, desde el 28 de julio, obtener la misma información. No lo ha logrado, pese a la presentación de cinco solicitudes. El martes la oficina de prensa de la Caja, detentadora del monopolio de la información institucional, respondió: «La información compilada sobre este detalle en particular no se cuenta en este momento. Esperamos oportunamente en las próximas semanas dar a conocer los detalles».

Para la Caja, las estadísticas sobre los efectos de la campaña de vacunación son un «detalle». Quizá por eso no hay una recopilación continua y la institución tardará semanas en informar al país «oportunamente». Por lo pronto, está empeñada en convencernos de su incapacidad de establecer si un paciente fue vacunado para luego incluir el dato en el expediente y llevar la suma con el valioso objeto de demostrar la eficacia de la vacunación, entre otros posibles usos de datos tan relevantes.

La utilidad de la información no se le pasó por alto a Leonardo Chacón Prado, médico intensivista de la Caja. Llamó a sus colegas de cinco hospitales y supo que, hasta la fecha, solo cinco vacunados requirieron atención en unidades de cuidados intensivos (UCI). Dos acababan de aplicarse la segunda dosis y no había transcurrido el tiempo necesario para desarrollar defensas. Otros dos tenían el sistema inmunitario debilitado; uno, porque sufre leucemia y el otro, porque había recibido un trasplante. El quinto fue infectado por una bacteria y es difícil saber si el paso a la UCI se debe a la covid o a las complicaciones producto de la infección.

Son buenas noticias, con todo y el empirismo del limitado sondeo. No obstante, la Caja, incapaz de ofrecer la información, tampoco permite a sus funcionarios darnos aproximaciones. Dos horas después de difundir sus hallazgos por Twitter, el Dr. Chacón los borró por «orden superior». Con un dejo de ironía, añadió: «Esperemos que los comunicadores de la institución nos puedan dar los datos oficiales de enfermos y fallecidos diferenciados por estatus de vacunación».

Esperemos, pues, pero, si dijeron la verdad cuando contestaron las solicitudes de este diario, tardarán varias semanas, en el curso de las cuales el movimiento contra las vacunas seguirá desplegando esfuerzos para confundir a la población y algunos endurecerán su resistencia a la inoculación.

El Ministerio de Salud también «trabaja en la actualización y detalle de contagios, hospitalización y fallecimientos registrados en personas vacunadas contra covid-19 con una o dos dosis» mientras la Caja reprime las manifestaciones de sus médicos y deja en manos de la oficina de prensa el manejo de una información tan esencial. La ciudadanía tiene derecho a conocer la estadística y las instituciones de salud, la obligación de brindarla. Si al aparato de control de la información le molestan iniciativas como la del Dr. Chacón, podría adelantarse mediante el cumplimiento de elementales deberes institucionales.

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