29 agosto

La mujer es útil a los demás, está pendiente de sus necesidades, carece de metas personales y depende económicamente de otros. En cambio, el hombre desempeña el papel de proveedor y cabeza de la familia. Le corresponde tomar la iniciativa en las relaciones de pareja y goza de mayor libertad sexual.

Si la fuente de esos conceptos fuera un texto decimonónico, serviría para medir cuánto hemos avanzado. Pero no, las frases son extractos del libro ofrecido por la casa editorial Eduvisión para el curso de Educación Cívica de octavo año en Costa Rica, no en alguna remota esquina del orbe dominada por los talibanes.

Los textos educativos, por principio, no deben prestarse para malinterpretaciones

Más adelante, el texto llama a repensar “esas características y roles histórica y socialmente construidos, de forma que no se perpetúen formas de dominación arbitrarias y discriminatorias”, pero eso no satisface al Ministerio de Educación Pública (MEP). Según Giselle Cruz, viceministra Académica, el libro difiere de manera “significativa” de las pretensiones del MEP y de su plan de estudio.

"El libro se queda al margen, no toma posición y no es claro con respecto a lo que establece el programa. Realmente, no promueve la eliminación de los patrones culturales (…) entonces, no vamos a lograr una incidencia importante en los procesos de formación del estudiante (…) para que, al final, comprenda las desigualdades de género como construcciones sociales y, por lo tanto, puedan ser modificadas”, afirma la viceministra.

La casa editorial defiende el texto, pero anuncia su intención de modificarlo, no porque comparta las críticas, sino para “evitar malas interpretaciones (sic) y amarillismo”. La respuesta tiene su gracia. Los textos educativos, por principio, no deben prestarse para malinterpretaciones. La claridad es deber de sus redactores precisamente porque el propósito es coadyuvar en la formación de los estudiantes, no dificultarla.

Por eso es imperdonable incluir entre las características de la mujer la frase “abnegada, antepone sus deseos a los otros”. Si antepone sus deseos, más bien podría ser egoísta, porque si es abnegada, probablemente anteponga los deseos de los demás a los propios. La frase tendría sentido si dijera “abnegada, antepone los deseos de los demás a los propios” pero, en ese caso, reafirmaría el estereotipo que la educación cívica pretende erradicar. Las “malas interpretaciones” son, en este caso, inevitables por defectos manifiestos en dos niveles: el conceptual y la falta de claridad de la redacción.

Por otra parte, la casa editorial explica los cambios —incluida la incorporación de referencias a significativos estudios sobre la discriminación— como un medio para evitar, además de malinterpretaciones, el “amarillismo”. Nos damos por aludidos. La Nación ha dedicado ingentes esfuerzos a examinar el contenido de diversos libros de texto y materiales empleados por el MEP para señalar groseras imprecisiones, elementos de adoctrinamiento ideológico y chabacanas expresiones propagandísticas, como las del libro aquel, de la misma casa editorial, que invitaba a caracterizar al partido de gobierno como paladín de la lucha contra la corrupción, entre otras virtudes.

El libro de Eduvisión, propuesto para undécimo año, pregunta al estudiante el nombre del partido político que lucha contra la corrupción y se caracteriza por evitar el despilfarro. La respuesta correcta es, desde luego, el Partido Acción Ciudadana. Quizá la editorial quiera hacer cambios al texto para evitar “malas interpretaciones”. De lo contrario, puede contar con nuestro incansable “amarillismo”.

Por fortuna, el MEP entiende nuestros señalamientos de otra manera y comienza a adoptar medidas correctivas. A juzgar por la cantidad de problemas, identificados y admitidos por las autoridades, es hora de fortalecer la supervisión y la orientación para los padres de familia, los educadores y los estudiantes.