Editorial

Editorial: Los elefantes rojos de Japdeva

En enero, las grúas de Japdeva movieron, en promedio y en conjunto, 60 contenedores al día, aunque una sola podría ocuparse de esa cantidad en dos horas.

Ann Mckinley, presidenta de la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (Japdeva) durante la administración de Luis Guillermo Solís, defendió la inversión de ¢10.400 millones en dos grúas pospanamax que jamás fueron rentables y más bien causan pérdidas de ¢910 millones al año. La inversión total, incluido el remolcador necesario para completar la transformación de Moín en un muelle de carga mixta, ascendió a ¢15.000 millones.

En su defensa, la exfuncionaria criticó a la administración actual por no crear nuevos negocios para aprovechar la capacidad instalada del puerto. A partir de ese punto, la entrevista con Diego Bosque, redactor de La Nación, tomó un giro inesperado. El periodista pidió ejemplos de nuevos negocios y la exfuncionaria propuso desarrollar el servicio a los cruceros, pero, cuando Bosque señaló la inutilidad de las grúas en ese giro, McKinley interrumpió la conversación para entrar en una reunión, ofreció llamar más tarde y nunca lo hizo.

La confusa respuesta contrasta con la claridad del discurso del 5 de marzo del 2018, cuando McKinley inauguró las grúas: «La decisión de adquirir estos equipos recae en la urgencia de disminuir la elevada congestión que presentan nuestras terminales, congestión que se traduce en atrasos en la operación y altos costos para los importadores y exportadores, costos que estarían pagando los consumidores finales».

La «congestión» portuaria pregonada hace tres años habría impedido la operación de las grúas a una fracción de su capacidad y, en consecuencia, las pérdidas. Lejos de congestión, el muelle carece de carga, como era previsible, dada la entrada en servicio de la terminal de contenedores de Moín, administrada por APM Terminals, donde se trasiega el 79 % de los bienes.

En enero, las grúas de Japdeva movieron, en promedio y en conjunto, 60 contenedores al día, cuando una sola podría ocuparse de esa cantidad en dos horas. Las operaciones de descarga producen ingresos por ¢870 millones al año, pero los gastos operativos ascienden a ¢1.785 millones, la mayor parte, por pago de salarios, con erogaciones menores por electricidad y mantenimiento.

  • El diputado limonense y presidente de la Asamblea Legislativa, Eduardo Cruickshank, tiene razón en su llamado a abrir una investigación para establecer responsabilidades si las hubiera.

«Usted me pregunta si las grúas están subutilizadas. Tengo que decirle que las grúas están totalmente subutilizadas y nos generan pérdidas. Ahí están los números, que para mí son preocupantes», dijo la presidenta ejecutiva, Andrea Centeno, para despejar dudas. Los mismos números desmienten la idea del congestionamiento portuario y la necesidad de la enorme inversión con fondos destinados a pagar prestaciones para adelantar la reestructuración de Japdeva, de la cual depende su subsistencia.

El diputado limonense y presidente de la Asamblea Legislativa, Eduardo Cruickshank, tiene razón en su llamado a abrir una investigación para establecer responsabilidades si las hubiera. El negocio era previsiblemente ruinoso y la fantasía del congestionamiento portuario nunca tuvo el menor asidero en la realidad. Las grúas tampoco son un elemento para la atracción de nuevos negocios, especialmente si con esa expresión se alude a la trillada idea de los cruceros.

La actual presidenta ejecutiva admite haber contemplado la posibilidad de vender las grúas o darlas en garantía por un préstamo para mantener a flote la institución. Si al final las venden, seguramente será con pérdida, y si las ofrecen en garantía, la valoración no será generosa. Para una institución financiera, adjudicarse un par de elefantes rojos en caso de incumplimiento no sería el mejor de los negocios.