5 enero

El sarampión mató a 35 personas en Europa en el 2017. Al mismo tiempo, hubo dos brotes en los Estados Unidos. La enfermedad se creía erradicada en el mundo desarrollado (y en países con buenas condiciones sanitarias, como el nuestro) pero vuelve a manifestarse de la mano de la ignorancia. Pese a los estudios científicos en contrario, existen grupos de opositores a la vacunación que difunden información sin sustento sobre sus supuestos peligros, entre ellos el autismo.

14-07-2017/ Se extiende el plazo para que las personas se apliquen la vacuna de la influenza en diferentes centros médicos de San José / en la foto Jackelin mora(al fondo) mamá de Angelina Rodriguez de 11 años la lleva para que la vacunen en la clínica de Tibas ( Gabriela Garcia la enfermera) / Fotografía: JOHN DURAN
14-07-2017/ Se extiende el plazo para que las personas se apliquen la vacuna de la influenza en diferentes centros médicos de San José / en la foto Jackelin mora(al fondo) mamá de Angelina Rodriguez de 11 años la lleva para que la vacunen en la clínica de Tibas ( Gabriela Garcia la enfermera) / Fotografía: JOHN DURAN

Otras enfermedades, antaño causantes de grandes sufrimientos y ahora controladas gracias a la vacunación, han vuelto a presentarse. Si bien los casos de rubéola y polio han sido muy esporádicos, son suficientes para llamar la atención de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuyo resumen del 2017 prevé los efectos de la resistencia a las vacunas como uno de los grandes retos por vencer este año.

El último caso autóctono de sarampión se presentó en Costa Rica en 1999, aunque la enfermedad había sido controlada desde mucho antes gracias a un vigoroso programa de vacunación. La cobertura de la inmunización en nuestro país supera el 90 % de la población y si algo nos debe preocupar es la vacunación del pequeño porcentaje restante. Este año, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) hará un esfuerzo adicional, dada la reaparición del mal en el mundo. En el 2014, los médicos nacionales detectaron un caso importado, es decir, la enfermedad fue contraída en otro país.

El esfuerzo extraordinario de vacunación contra el sarampión también se hace necesario porque uno de cada diez vacunados no logra desarrollar la cantidad de anticuerpos necesarios para estar protegido y algunos padres pasan por alto la segunda dosis, en parte por los mitos contra las vacunas. El esquema de inmunización vigente exige la aplicación de la vacuna a los 15 meses y la del refuerzo a los siete años o en el momento de ingresar a la escuela.

Pero tan importante como la aplicación de las vacunas contra el sarampión y otros males es la lucha contra la desinformación. El registro histórico no deja duda de las calamidades de un mundo sin vacunas y la ciencia refuta los supuestos riesgos de la inmunización. Ningún niño costarricense debe quedar sin ella como consecuencia de la ignorancia, tan difundida que se hizo presente en un debate presidencial durante las elecciones estadounidenses del 2016.

Antes de 1955, cuando apareció la vacuna contra la polio, cientos de miles de personas enfermaban cada año. Muchos sufrían parálisis permanente y, en ocasiones, la muerte. Gracias a la inmunización, el mal está prácticamente erradicado y los pocos centenares de casos al año se presentan en países donde hay resistencia religiosa o cultural a la vacunación, como es el caso de las más retrógradas regiones de algunos países musulmanes, como Pakistán y Afganistán.

Entre los radicales de esos lugares existe la creencia de que las vacunas son parte de un plan occidental para esterilizar a los mahometanos. La idea apenas extraña en vista de otras manifestaciones de los mismos grupos, pero, en California, uno de los estados más progresistas de la primera potencia mundial, un brote de sarampión enfermó, hace dos años, a un centenar de personas, el 82 % de las cuales nunca había sido vacunada.

La lucha, entonces, no se agota en la extensión de la cobertura o la fiel aplicación del esquema de inmunización. Es preciso extenderla al campo de la educación y no basta el empeño de las autoridades de salud. El Ministerio de Educación, los medios de comunicación y las organizaciones de la sociedad civil deben sumarse al esfuerzo ahora que la OMS lo define como una de las tareas importantes de este año.