5 mayo

La Reserva Federal (Fed), el banco central de los Estados Unidos, decidió el primero de mayo mantener inalterada, en un rango del 2,25 % y 2,50 %, la meta de tasa de interés de los fondos federales, o sea, la tasa anual cobrada por los bancos comerciales por préstamos entre ellos de la noche a la mañana. El nombre fondos federales se debe a que las transacciones se llevan a cabo con base en el dinero que, para encaje legal, las entidades bancarias mantienen en la Fed. Si una de ellas al cierre del día tiene reservas sobrantes, por encima de lo legal, puede utilizarlas para prestar recursos a otras que cierren con insuficiencia.

Por la importancia de esta tasa en la política monetaria de los Estados Unidos, y también del resto del mundo, conviene tener presentes los factores considerados de tiempo en tiempo por el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) de la Fed para definir el rango. Son dos las variables: la tasa de inflación y la de crecimiento económico de su país.

Cuando el crecimiento económico y el nivel de empleo son bajos, la Fed coadyuva a elevarlos mediante la baja de los intereses, lo cual estimula la inversión y por esa vía al aparato productivo. Pero cuando la economía crece a alta velocidad y la inflación tiende a sobrepasar un valor considerado razonable, actualmente el 2 % anual, induce a la Fed a elevar la tasa de los fondos federales para controlar la expansión de los precios.

En su comunicado del primero de mayo, el presidente de la Fed, Jerome Powell, reconoció un crecimiento económico sólido —un 3,2 % en el primer trimestre del 2019, elevado en el caso de los Estados Unidos— y, por tanto, no ven razón para un aumento, ni tampoco consideran prudente bajarla para permitir a la inflación subir y ubicarse más cerca de la meta del 2 %.

No obstante la manifestación pública del presidente, Donald Trump, sobre su preferencia por que la Fed adopte una meta de tasas de interés bajas, los miembros del FOMC se han apegado a su criterio técnico y su más reciente decisión —unánime— fue, como señalamos, mantenerlas inalteradas por ahora. Esto constituye un buen signo de que la política monetaria de los Estados Unidos se conduce con un buen nivel de independencia con respecto al Gobierno Central.

Dada la gran importancia relativa de la economía de los Estados Unidos (cuenta por una quinta parte de la economía mundial) y del dólar como la moneda en que se llevan a cabo una gran cantidad de las transacciones comerciales y financieras internacionales, las decisiones del FOMC son referente obligatorio de los analistas e inversionistas mundiales. Muchos de ellos incluso revisan con cuidado los cambios en el lenguaje de los comunicados periódicos de la Fed para tratar de deducir posibles cursos de acción en el futuro.

Para países como Costa Rica, las elevaciones en las tasas de interés en los Estados Unidos pueden producir salidas de recursos financieros con efectos sobre el tipo de cambio. También ocurre lo contrario: cuando las tasas son bajas en los Estados Unidos, los agentes optan por mantener inversiones financieras relativamente grandes en países donde reconocen intereses superiores. Cuando los respectivos flujos aparejan montos significativos, las consecuencias podrían ser la revaluaciones de las monedas de los países receptores.

Las autoridades monetarias de países como Costa Rica deben, por tanto, conocer en todo momento qué mueve los flujos de divisas (ingresos y salidas), si es por inversión extranjera directa o si se trata de movimientos financieros en busca de mejores réditos. Los primeros son estables; los segundos, volátiles y pueden contribuir a crear un innecesario ruido en el mercado cambiario.

Cuando se opera con cuenta de capital abierta, como en Costa Rica, las tasas de interés domésticas deben, necesariamente, mantener una relación razonable con las externas. A manera de ejemplo, las tasas pasivas en dólares (lo que se paga por ahorros en esa moneda) domésticas deben ser iguales que las internacionales más una prima de riesgo, que en Costa Rica suele ubicarse en 2 puntos porcentuales. Lo mismo vale para las tasas de interés sobre bonos del Gobierno y de emisores privados.

Por lo anterior, las decisiones del FOMC distan mucho de ser triviales.