Editorial

Editorial: La conferencia de cada día

La diaria conferencia de prensa es vital para un país sediento de datos y confianza en las medidas adoptadas para enfrentar la crisis.

La crisis desatada por el coronavirus puso a los pueblos en contacto cotidiano con sus gobernantes, en especial con las autoridades de salud. Nunca antes un ministro del ramo tuvo tanta presencia y protagonismo como Daniel Salas. Lo ha aprovechado bien. Su liderazgo se funda en los hechos y en la comunicación veraz y constante.

Cuando es necesario, el ministro cede la palabra a integrantes de su equipo para ahondar en temas específicos. El presidente, Carlos Alvarado, hace lo mismo con el propio ministro y contribuye, cuando es pertinente, al esfuerzo de comunicar. La diaria conferencia de prensa es vital para un país sediento de datos y confianza en las medidas adoptadas para enfrentar los problemas.

La respuesta a la pandemia exige colaboración de todos. No hay mejor oportunidad para reclutar esa ayuda y explicar su significación. La conferencia de prensa debe verse como una de las mejores armas en la lucha contra el coronavirus. Por eso es necesario cuidarla.

Sobre todo, es preciso proteger su credibilidad. La tentación de acomodar un dato, maquillar una cifra u omitir hechos relevantes ha demostrado su poder en otras latitudes. En México, el presidente Andrés Manuel López Obrador aprovechó las oportunidades de comunicación abiertas por la crisis para difundir supersticiones y proteger la economía, cuando debería estar preocupado por la salud. En Nicaragua, la pandemia tiene trato de carnaval y la pareja gobernante saca partido para cultivar una imagen de compromiso con la fe y el amor, en abierta contradicción con los hechos de la historia reciente. En Estados Unidos, algunos medios debatieron la posibilidad de no cubrir la conferencia de prensa diaria para no difundir versiones erróneas y politizadas.

En la potencia norteamericana, la atención del público se agudiza cuando habla la ciencia por boca del Dr. Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas. Esa circunstancia encierra una lección para otros países, incluido el nuestro, donde, afortunadamente, la lucha contra la pandemia no se ha politizado, lo cual es mérito del gobierno y también de la oposición. La ciencia es la llamada a explicar y a proveer certeza, aunque la información no se ajuste a nuestros deseos.

Además de la credibilidad, es indispensable cuidar la relevancia. Las ya cotidianas conferencias de prensa no deben prolongarse más de lo necesario ni incluir elementos de pertinencia cuestionable. En especial, deben estar ayunas de todo indicio de aprovechamiento político.

Lo dicho no solo debe ser cierto, sino también relevante. A falta del segundo requisito, los medios de comunicación podrían dejar de dar a las conferencias la misma importancia, el público podría darles la espalda y el gobierno, en especial las autoridades sanitarias, perdería uno de los más valiosos instrumentos a su disposición, ahora que todo recurso es fundamental.

La información sanitaria es de primer orden, no solo la referida a la evolución de la pandemia sino también la explicación y justificación de las medidas adoptadas para enfrentarla, en especial las restricciones cada vez más rigurosas y necesarias. También debe haber espacio para la reacción en los frentes social y económico, con el propósito de convocar la unidad de la nación y sus esfuerzos. En las conferencias cotidianas, solo cabe la política en el mejor sentido de la palabra y todo lo que sobra hace daño. En general, el gobierno las ha hecho bien, pero, vista su preponderancia, no está de más llamar a cuidarlas.