14 diciembre, 2020

La decisión de la multinacional Intel de retomar sus actividades de ensamblaje en Belén de Heredia a mediados del 2021 es muy bienvenida, no solo por la contratación de unos 200 empleados adicionales y la inversión de $350 millones a lo largo de tres años, sino también por su influencia en las decisiones de inversión de otras multinacionales.

La decisión es producto de una evaluación de las operaciones de la empresa con el fin de asegurarse «la capacidad adecuada para satisfacer la demanda global» de sus productos, informó Ileana Rojas, gerenta general en Costa Rica. La empresa tiene operaciones en el país desde 1998, pero había cerrado su planta de manufactura y conservó un centro de servicios globales y un laboratorio para diseño y prueba de dispositivos y software.

Las multinacionales fabrican productos intermedios en países con costos bajos (mano de obra, electricidad y otros), lo cual se conoce como offshoring. En procura de esas ventajas, han concentrado en determinadas regiones y países buena parte de su cadena de valor. Circunstancias geopolíticas y de otro tipo, como desastres naturales, llevan a la reconsideración de esa estrategia, que implica también la concentración de riesgos.

La estrategia conocida como nearshoring procura reducir la distancia entre los centros de producción y los mercados finales, idealmente con horarios similares, y dota a las cadenas de suministro de una dosis de «redundancia» para optimizarlas y garantizar la continuidad del negocio. Para los efectos del nearshoring, los países seleccionados deben contar con infraestructura y talento humano de calidad, además de seguridad jurídica como la ofrecida por Costa Rica, según la apreciación de la jerarca de Intel en Costa Rica.

Esa seguridad distingue a nuestro país de muchos de sus competidores. El bien ganado prestigio debe ser celosamente preservado. Las empresas multinacionales toman decisiones con la vista fija en un horizonte a mediano plazo. La incertidumbre sobre posibles cambios en el clima de negocios estorba a los planificadores e inhibe la inversión extranjera de calidad. Gobierno y Poder Legislativo deben tenerlo presente, no solo para fortalecer la certeza, sino también para abstenerse de crear ruidos y distracciones.

Es preciso redoblar esfuerzos para atraer más empresas de alta tecnología, en especial hacia las zonas francas, con el fin de cosechar beneficios en inversión extranjera directa, empleo de calidad y contribución a la seguridad social y a la balanza de pagos, en el caso de las de alto valor agregado doméstico. La decisión de Intel favorece ese propósito y debe ser aprovechada como ejemplo.

También es necesario que los centros de estudio, en particular las universidades, aseguren una enseñanza a la altura de los requerimientos de las empresas inmigradas. Intel requiere ingenieros y técnicos en electrónica, electromecánica y disciplinas afines, cuyo entrenamiento final constituye otro importantísimo aporte de las multinacionales a la formación del talento humano local.

En la competencia mundial por atraer inversiones, los países con buena calidad educativa tienen una enorme ventaja, pero también es necesario proveer insumos críticos, como la energía eléctrica, a precios competitivos. La oferta mejora según se cuente con la infraestructura adecuada para facilitar operaciones. El regreso de la manufactura de Intel es un voto de confianza para Costa Rica y señala uno de los caminos a nuestro alcance para labrar la prosperidad. En nuestras manos está persistir en la tarea de aumentar las ventajas competitivas como otros países lo están haciendo.