5 mayo

En su mensaje del lunes a la Asamblea Legislativa, el presidente Carlos Alvarado manifestó su decisión de dejar en manos del equipo económico el anuncio de las medidas que el gobierno adoptará para lograr la reactivación económica. Los anuncios son de vital importancia, pues crece el número de pobres y desempleados, así como de empresas obligadas a reducir y hasta recortar del todo su actividad. Peor todavía, el problema tiende a aumentar rápidamente.

Un plan estratégico serviría para determinar las medidas requeridas con el propósito de minimizar los costos y visualizar la forma de distribuirlos entre toda la sociedad costarricense.

El equipo económico, dijo el mandatario, hará el anuncio esta misma semana y, por tanto, conviene hacer algunas reflexiones. Aún no se tiene una clara idea de la duración de la crisis causada por la covid-19. Podría prolongarse más allá de las estimaciones iniciales, hechas sobre bases muy endebles. Tampoco hay suficiente precisión sobre las características de la ayuda estatal para las familias afectadas ni se sabe si habrá algún tipo de apoyo para las empresas viables en riesgo de quiebra por problemas temporales de liquidez.

Por el grado de incertidumbre del entorno, el gobierno debería definir escenarios alternativos —quizá uno base, uno optimista y otro pesimista— y, para cada uno de ellos, elaborar proyecciones que, como mínimo, alcancen a diciembre del próximo año. Es importantísimo hacerlo, pues el ejercicio podría señalar la necesidad de adoptar, desde ahora, acciones correctivas antes de que los males crezcan.

Las empresas de vanguardia, tanto privadas como públicas, operan con arreglo a planes estratégicos con un horizonte de cuatro años o más, con objetivos e indicadores generales utilizados para confeccionar planes operativos anuales (PAO). Los PAO tienen un grado de concreción mayor que el plan estratégico en cuanto a objetivos, acciones para alcanzarlos, plazos, encargados de ejecutarlas y medios de verificación de logros. Difícilmente, podrá desempeñarse bien una empresa sin instrumentos de análisis como los referidos.

En las circunstancias actuales, es necesario tener estimaciones de lo que podría ocurrir en un escenario de pasividad (si no se hiciera nada) y uno o dos activos, con hipótesis bien formuladas sobre el desempleo, pobreza y actividad económica previstas en lo que resta del año y, por lo menos, hasta el 2021.

El presidente Alvarado teme que en un escenario pasivo la desocupación llegue al 25 % o más de la población económicamente activa. Costa Rica carece de seguro de desempleo, por lo cual ese grado de desocupación sería peligroso. ¿Cuántos recursos fiscales se necesitan para dar asistencia, aunque sea básica, a tanta gente? Esta pregunta, y otras similares, exigen respuestas concretas.

Si a consecuencia de la pandemia la actividad económica decae hasta donde se prevé, los ingresos tributarios también caerán. Y, si en ausencia de otros ajustes, los gastos del gobierno se elevan, el déficit fiscal —elevado antes de la crisis por la enfermedad del coronavirus—, el endeudamiento público y la carga de intereses podrían tornarse explosivos. Conviene tener una idea del comportamiento de esos factores en los diversos escenarios.

El conjunto de medidas macroeconómicas que anuncie el gobierno debe estar apoyado en un plan estratégico con proyección hasta diciembre del 2021, cuando menos. Eso serviría para definir las acciones adecuadas para minimizar los costos y visualizar la forma de distribuirlos entre toda la sociedad costarricense.

Por ahora, el costo de la adversidad ha recaído básicamente sobre la fuerza de trabajo del sector privado y sobre algunas empresas. La situación proyectada, y la puesta en práctica de una verdadera solidaridad, exigen control de gastos en el sector público y redefinir las prioridades institucionales para optimizar el bienestar social o, por lo menos, minimizar el costo social de la pandemia.

Soluciones fáciles, como recurrir a más endeudamiento interno y externo, aun a tasas de interés bajas, el aumento de impuestos y la adopción de sobretasas temporales a la importación deben ser analizadas con sumo cuidado porque, en general, son lesivas al objetivo de reactivación. Más endeudamiento supone un pago mayor de intereses, lo cual restringe las demás partidas del presupuesto nacional. Un aumento de tributos desestimularía la producción cuando, precisamente, se quiere reactivarla para revivir la creación de empleos. Las sobretasas a las importaciones comienzan como impuestos a los bienes comprados en el exterior y terminan constituyéndose en gravámenes a las exportaciones, pues impiden ubicar el tipo de cambio en el nivel requerido para estimular al sector exportador.

Ojalá el conjunto de medidas que pronto anunciará el equipo económico del gobierno se enmarque en un análisis como el someramente descrito porque solo así quedará demarcado el rumbo y las posibles desviaciones. No hay otra forma de introducir algún grado de certeza en un ambiente de tanta incertidumbre.