9 agosto

A Costa Rica le interesa contar con un número adecuado de médicos y especialistas de alta preparación técnica y experiencia, no importa si se desempeñan en hospitales, clínicas privadas o en la Caja Costarricense de Seguro Social. Varias universidades del país ofrecen carreras en esas áreas. Los aspirantes al internado rotatorio, mediante el cual entran en contacto con pacientes de hospitales públicos, deben superar una prueba denominada fundamentos internacionales de Medicina (IFOM, por sus siglas en inglés), considerada un estándar de medición de conocimientos básicos en el mundo.

Como recién informamos, demasiados aspirantes reprueban el IFOM y algunos lo repiten dos y más veces sin éxito. A las pruebas más recientes se sometieron 181 de una universidad pública y de siete privadas. Los malos resultados llaman a redoblar esfuerzos en las instituciones involucradas para corregir los defectos de calidad de la enseñanza.

No conviene tener pocos graduados de altísima calidad, pero tampoco muchos de calidad dudosa. La mezcla, al final de cuentas, debe favorecer el segundo componente: la calidad.

El doctor Luis Pastor, recién nombrado presidente del Colegio de Médicos y Cirujanos, considera que los bajos resultados constituyen una razón más para “hacer el examen de incorporación” al Colegio, que no tiene control sobre la calidad y metodología utilizadas en la formación de los profesionales, pero sí puede juzgar quiénes están en capacidad de ejercer la medicina en el país.

Dadas las consecuencias de un error en este campo, es fundamental asegurar que los profesionales posean un alto grado de excelencia académica, pero también es necesario considerar que a la sociedad, además de la buena preparación, le interesa la abundancia de profesionales. Es posible que los miembros del Colegio de Médicos y Cirujanos no compartan este interés porque menos graduados garantiza más pacientes por médico. Las pruebas se constituyen, por tanto, en freno para limitar la competencia. El IFOM, por ser de aceptación internacional, está a salvo de ese cuestionamiento.

Quizás, algunos aspirantes no entiendan a cabalidad la estructura del examen y, por eso, el fracaso es tan alto (más de la mitad), lo cual se subsanará si en los centros educativos se les entrena para entender la lógica de la evaluación. Pero también cabe la posibilidad de que los centros de enseñanza no estén siendo cuidadosos con la calidad. En este caso, los resultados deben indicarles las áreas concretas en las cuales están fallando.

Lamentablemente, los resultados promedio obtenidos por los alumnos de diferentes universidades no fueron divulgados. El dato debe ser público porque los aspirantes a desempeñar carreras de Medicina tienen derecho a escoger mejor entre universidades y porque los centros educativos más exitosos tienen derecho al reconocimiento.

El presidente del Colegio de Médicos opina que “la calidad de la medicina en Costa Rica ha bajado notablemente”. Eso es muy preocupante. En esta, como en otras profesiones, la misión de las universidades es una mezcla de la cantidad de profesionales por preparar y de la calidad de la educación impartida. No conviene tener pocos graduados de altísima calidad, pero tampoco muchos de calidad dudosa. La mezcla, al final de cuentas, debe favorecer el segundo componente: la calidad.

Bienvenidas las universidades privadas que desde hace décadas se han constituido en el país, en mucho porque el costo de la enseñanza lo soportan los propios beneficiarios y no el presupuesto nacional, y porque sus graduados contribuyen a satisfacer necesidades de la sociedad, pero para ser dignas de su nombre deben ser muy celosas de la calidad del servicio ofrecido. Eso está en duda porque del 2016 al presente, el porcentaje de estudiantes reprobados en las pruebas de internado aumentó.