13 abril

No importa la forma como se mida el desarrollo del país, por el ingreso promedio o por un conjunto de otros indicadores socioeconómicos, la conclusión es la misma: no es balanceado. Existen zonas geográficas en clara desventaja con respecto a otras. Las regiones más distantes de la Gran Área Metropolitana (GAM) poseen índices de desarrollo más bajos. Por ello, la iniciativa del presidente, Carlos Alvarado, consistente en encargar a cuatro personas de su confianza —los vicepresidentes Epsy Campbell y Marvin Rodríguez; el ministro de la Presidencia, Rodolfo Piza; y la primera dama, Claudia Dobles— la promoción del desarrollo en las comunidades de la periferia es un paso en la dirección correcta (“Presidente delega desarrollo de regiones periféricas en cuatro altos funcionarios de gobierno”, La Nación, 10/4/2019).

Las regiones norte, Huetar Caribe, Pacífico Central y Chorotega tendrán “encargados territoriales” para asegurar la puesta en práctica de programas de apoyo según las necesidades y características específicas de cada una de ellas.

En algunas, como en la Huetar Caribe, urge la creación de empleos, en particular, en momentos cuando la automatización de ciertas labores portuarias ha causado la reducción en el número de plazas y cambios en las funciones de muchas de ellas. En otras, se ha considerado la conveniencia de contar con un centro para el abastecimiento y distribución de productos alimenticios. Son notorias las deficiencias en la infraestructura física, nivel de escolaridad o la carencia de viviendas dignas en no pocas de las regiones escogidas.

Es muy probable que en todas sea necesario aumentar la productividad promoviendo el uso de los recursos, materiales y humanos, de los que disponen. El presidente Alvarado “quiere resultados”, según informó la presidenta ejecutiva del Instituto de Fomento y Asesoría Municipal (IFAM), Marcela Guerrero.

En este esfuerzo, laudable en sus fines, conviene tener presentes varios factores. El primero es que por tratarse de un asunto tan general es necesario precisar la naturaleza de los problemas por afrontar, el menú de opciones para solventarlos y el costo de cada uno de ellos (en dinero, tiempo y capacidad administrativa). Tener claridad será clave para definir las acciones óptimas en cada caso y asignar responsables de llevarlas a la práctica. El segundo factor es que para lidiar con los problemas detectados existen ya muchas entidades oficiales —Japdeva, Incop, los Ministerios de Vivienda, Salud, Educación y Transportes, así como las municipalidades ubicadas en las cuatro regiones mencionadas—, las cuales, en principio, están llamadas a participar en el proyecto.

El tercer elemento es que las funciones de los vicepresidentes (Epsy Campbell y Marvin Rodríguez) solo se activan cuando, en ausencia del presidente de la República, son formalmente investidos de autoridad para actuar. El de la primera dama, como bien señaló un lector en los comentarios al pie del artículo, en la versión en línea de La Nación, no es un cargo formal. Por esa razón, tres de los cuatro designados no pueden manejar presupuestos públicos ni girar instrucciones vinculantes. Su trabajo consistirá únicamente en “coordinar eficazmente” el de las entidades públicas y, en muchos casos, entes privados relacionados con la solución de los problemas identificados. La eficacia de su labor estará condicionada por el grado en que logren estimular la labor de los otros.

Las cuatro personas encargadas de la coordinación de desarrollo regional deberán, previa consulta a voceros selectos de las comunidades involucradas y de los respectivos entes públicos, elaborar cuanto antes una hoja de ruta o, como se conoce en la jerga de los especialistas en administración de proyectos, un “marco lógico”, que fije los objetivos, los programas, las acciones específicas, los encargados de la ejecución, las fechas de inicio y final, así como los medios de verificación de resultados. Para ello, convendría recurrir a los servicios de especialistas en esta área de la administración. Como no tienen responsabilidades de línea, lo que se espera de ellos es el liderazgo y el entusiasmo necesarios para llevar a buen puerto un empeño de tanta trascendencia como el que recién anunció el presidente de la República. Ojalá den buenos frutos.