26 marzo

La prioridad es atender las necesidades vitales de los costarricenses más necesitados. Ninguno debe carecer de lo necesario para subsistir con salud y dignidad. El país no está en condiciones de ofrecer empleo y, por el contrario, muchos han engrosado las filas de los desocupados y miles correrán la misma suerte en días venideros. Otros sufrirán la reducción de sus salarios.

No se trata de la vieja discusión sobre disparidades entre el sector público y el privado. Ese debate puede esperar. Se trata de dispensar igual trato a quienes están en condiciones similares.

La única opción es fortalecer la asistencia social. Sí, es necesario repartir ayuda a quienes la necesitan. Es la forma más transparente de encarar la crisis, pero el gobierno carece de medios para hacer frente a las necesidades. La recaudación tributaria disminuirá y los ingresos del Fondo de Desarrollo Social y Asignaciones Familiares (Fodesaf), estrechamente vinculados a la actividad empresarial y el empleo, caerán hasta en una quinta parte.

Los programas a cargo del Fodesaf benefician a 800.000 costarricenses pobres en tiempos de normalidad. La reducción de los ingresos en un 20 % es un cálculo conservador, advierte el ministro de Desarrollo Humano e Inclusión Social, Juan Luis Bermúdez. Es difícil saber a cuánto llegará la reducción, pero la crisis seguramente añadirá miles a las filas de los más necesitados.

El gobierno hace bien al procurar, con urgencia, recursos adicionales y, también, al redefinir el destino de otros, ya presupuestados para fines menos urgentes, aunque indiscutiblemente relevantes. La gravedad del presente obliga a posponer discusiones y decisiones indispensables para el desarrollo futuro.

Pero la administración tiene otros medios a su alcance para procurar fondos. Muchas actividades estatales se han reducido a la mínima expresión a consecuencia de la crisis y eso plantea oportunidades de ahorro. Miles de costarricenses, y quizá puedan contarse entre los afortunados, soportan la reducción de sus jornadas laborales y salarios a tenor de la nueva legislación de flexibilidad establecida para ayudar a las empresas a sobrevivir la pandemia sin hacer despidos. Otros soportarán la suspensión o terminación de sus contratos de trabajo. ¿Por qué no aplicar similares disposiciones en el sector público?

Huelga decir que el personal indispensable, como los encargados de servicios médicos y sanitarios, los necesarios para mantener las comunicaciones, electricidad y agua, los policías y agentes de tránsito, entre otros, no deben sufrir limitaciones que hagan peligrar sus vitales funciones. Esos servidores públicos, sean médicos o recogedores de basura, están poniendo de su parte, cuanto puede pedírseles y más, con el solo hecho de asistir al trabajo. Merecen reconocimiento y gratitud.

Los empleados públicos con funciones menos urgentes e indispensables, o aquellos impedidos de ofrecer servicios por la crisis misma, también deben contribuir a satisfacer las necesidades de los menos afortunados. A tenor de la nueva legislación, las empresas con un 20 % de disminución de sus ingresos pueden aplicar medidas de flexibilización de la jornada y muchas lo están haciendo. El sector público perderá más de eso y no puede mantener el gasto como si nada estuviera pasando.

El gobierno anuncia la aplicación universal del nuevo impuesto solidario propuesto a los diputados. El tributo incluirá a empleados del Estado. También decidió no conceder a los funcionarios el aumento salarial previsto, pero ninguna de esas medidas nivela el terreno. Las peticiones de recursos planteadas por la administración tendrían mucha más credibilidad si fueran precedidas por un plan concreto de ahorro y equidad.

No se trata de la vieja discusión sobre disparidades entre el sector público y el privado. Ese debate puede esperar. Se trata de dispensar igual trato a quienes están en las mismas condiciones. Quienes ganan igual o desempeñan funciones igualmente afectadas por la crisis, deben hacer los mismos sacrificios, no para equilibrar la situación fiscal o pagar deuda, sino para atender la urgente tarea de auxiliar a quienes lo necesitan.